martes, 10 de junio de 2014

KIDNAPATTU Cap 4


CAPITULO 4

“Llevo aquí exactamente tres días. Y sigo haciéndome la misma pregunta… ¿Cuándo es que me dejara libre? No lo sé… no lo sabría, si no estuviera escribiendo esto, por si alguien me encuentra alguna vez… y tal vez quiera saber las ultimas cosas que hice en mis últimos días de vida, por si muero… por si él me quita la vida… que se yo, ya no sé qué esperar. No de él ¿Qué harías tú, si estuvieras aquí?... en mi lugar… secuestrada…”

Dejo el lápiz y el papel bajo las sabanas, para luego regresar a la pequeña sala. Tan solo quería expresarse un poco. No le veía sentido a las cosas. Julian llevaba más de dos horas en la calle. Otra vez retiraría dinero ese día. A ese paso, ya habría terminado de retirar todo su dinero.

Que más le daba. Lo único que le importaba en ese entonces era irse. Dejarlo. No volverlo a ver, nunca más si era posible. Mudarse. Olvidarse de todo lo que estaba viviendo… pero… entonces. Una leve oleada de sentimiento se abrió en su estómago. ¿De verdad quería olvidarse de todo esto? Si. Quería ¿Y por qué lo dudaba? ¿Qué motivo tenia para empezar a dudarlo? “No Janikka”, se dijo a sí misma, cerrando los ojos. Se conocía perfectamente, y conocía cada síntoma que sentía cuando empezaba a…

Julian abrió la puerta del departamento. La cerró de inmediato. Se detuvo por un momento antes de voltearse. No quería hablar, no tenía ganas, y Janikka supo porque, cuando lo vio voltearse, con la mandíbula inflamada y ligeramente morada. Golpeado. Su corazón se contrajo de inmediato al verlo así, sus ojos lo observaron asustados, le dolía… y no sabía por qué… le dolía verlo así.

-Julian…

-Déjame, estoy bien.

-Dios mío ¿Qué te han hecho?.- Corrió de inmediato hacia él. Antes, tomo lo más cercano a sus manos. Una servilleta tendida sobre la mesa. Intento pasarla sobre el mentón de él. Julian cerró los ojos, negando con la cabeza.

-Que estoy bien…- Susurro.

-No te hace falta hacerte el fuerte conmigo.- Le dijo ella. Con una bonita sonrisa en los labios, que le tranquilizo en lo más profundo. Julian también sonrió, sin saber porque, solo lo hizo. Janikka fue hasta el grifo de la cocina, roció la servilleta de lana y volvió hacia él. –Está muy inflamado.

-He estado peor.

-¿Qué te han hecho?

-¿De verdad te importa?

-No quiera pelear conmigo ¿Si? Trato de estar bien…

-Lo digo enserio ¿Te importa?.- Sintió sus manos rozarle el mentón. Un roce que había sentido en lo más profundo. Se mojó los labios, muy cerca a los de ella, de nuevo… maldito sentimiento… que bien se sentía poder olerlos a poca distancia.

-Si…- Le contesto ella. De lo más profundo. Más allá del rencor que se tenían. Le importaba. Si y mucho.

-Pues lo sabes, me  han golpeado.

-¿Quiénes?

-Un maldito hijo de…- Janikka lo miro mal. La servilleta se puso helada. Termino de pasarla por su mentón. Al menos eso le ayudaría en algo. La dejo a un lado, concentrándose ahora en la mandíbula de Julian.

-Pues ese hijo de… te ha dejado mal.

-Ellos han quedado peor.

-¿Quién fue?- Le dijo verdaderamente preocupada. Coloco sus brazos sobre su fina cintura, viéndose realmente graciosa. La enorme sudadera que Julian le había comprado, le quedaba hasta un poco más arriba de las rodillas, por lo que no usaba pantalones.

-Un imbécil ¿Si? Uno de los que se han llevado a una de tus mejores amigas.

A Janikka le entro un escalofrió. Recordar esa escena… le erizaba la piel por completo.

-No creo que quieras escuchar esto.- Julian camino hasta la habitación. Separándose de ella.

-Dímelo.

-Eres tan terca…- Refunfuño él.

-No me afectaría

-¿Quieres escuchar la verdad?- Le pregunto. Frio de nuevo. Janikka le sacaba de quicio. Ella asintió. –Han matado a cuatro de tus amigas.- Le dijo sin escrúpulos. Se abrió un silencio entre los dos. Los ojos de Janikka se humedecieron por completo, solo le faltaba cerrarlos para completar su llanto.

El cuerpo se le debilito. Sosteniéndose tan solo por la mirada de Julian. La mataría… si… solo faltaba ella…- ¿Y sabes?- Le pregunto. –Solo faltas tú y una más…- Las lágrimas de Janikka se hicieron interminables.

Otra vez asustada, sus manos empezaron a sudar. Sus ojos se hicieron pequeños. –La diferencia es que yo no pienso hacerte nada.

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Julian se acercó a pequeños pasos, el ahora frágil cuerpo de Janikka quedo encerrado entre él y la pared. Encerrado y acogido por sus brazos, Julian levanto la cabeza, haciendo que lo mirara a él y solo a él. Que pensara en él. Que lo escuchara a él. Que sea él, por una vez… lo único que le importara.

-No voy a matarte.- Le dijo. Janikka se mordió el labio, intentando no llorar. –He dejado que esos malditos hagan lo que se les ha venido en gana conmigo por ti… pero no contigo…- Los brazos de Janikka le rodearon la nuca. Julian sintió una fina oleada acogedora en su estómago. Le gustaba cuando lo tocaba de esa forma. Tan sencilla y sutil. Tan propio de ella y de lo hermosa que era. Tan mujer. Provocativa. Sensual. Ella. Ella y su poder. El poder de inquietarlo tanto. -¿Me crees?

Janikka asintió. Si hablara se pondría a llorar.

-Así me gusta.- Julian le sonrió. Janikka bajo la cabeza tratando de sonreír también. –Demonios… te he dicho que no me gusta verte llorar.

Esta vez ella si rio. Bajo las manos de su nuca, para limpiarse las lágrimas de las mejillas.

-Es tarde…- Le dijo él.

-Sí, ya me iba a dormir…

-Ok, hasta mañana entonces.- Le dijo él. Janikka deseo que el momento no acabara ahí. Tenía unas inmensas ganas por besarlo. Si. Muchísimas. Incontenibles. Deseaba agradecerle tanto por estar haciendo esto por ella. Tumbarlo en el sofá y comerle la boca de distintas maneras.

Probar su lengua una vez más. Acariciar su torso, sus brazos, desnudos y para ella. Sus bíceps hechos a la medida. Provocarlo. Excitarlo tanto. Lo necesitaba. Necesitaba escuchar que le pedía un minuto de placer junto a ella. Necesitaba en el fondo… que le dijera que le importaba muchísimo. Que nunca había hecho eso con otra mujer. Que ella no era una simple mujer. Que ella era suya. Suya.

-Hasta mañana.- Se despidió. Camino hasta su habitación. “Julian”… susurro en su cabeza. Dios mío. Julian. Mío… mío… si… su mente estaba ocupada por él. Sus sentidos. Su cuerpo entero quería ser tocado por sus manos. Aquellas que la llenaban completamente. Aquellas que la habían tocado toda. Sin limitación. “Quiero ser suya… hazme tuya”… ¿Cómo? De todas las formas. Cerró la puerta de la habitación. No dormiría esa noche, pues tenía un plan en mente… un plan que seguro funcionaria, que haría que Julian la hiciera suya de una vez por todas. Lo deseaba. Más que a nada. Y sentía que ese sentimiento se hacía más fuerte… más y más…

Esa noche, se lo haría duro…

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Julian cerró sus ojos. Al menos quería descansar por un momento, no dormir… no. Es que no podía hacerlo. No con Janikka en su cabeza, es decir… pendiente de ella. De que no intentara nada contra él o algo más, después de lo que le había contado. Aunque no lo creía. En todo caso, él estaría preparado.

Janikka se secó el cabello. Recién terminada de bañarse. Y aun con la toalla más grande enredada en su cuerpo, se asomó por el borde de la puerta de la habitación. Sus labios interiores fueron levemente mordidos por sus dientes al mirarlo a él… descansando sobre el sofá. Entonces se dio fuerzas a sí misma, y salió de la habitación, moviendo las caderas.

Encendió las luces, Julian enseguida se inclinó para observar lo que pasaba.

-Perdona, ¿Te he despertado?- Le pregunto ella. Con un rostro angelical. Julian se le quedo observando antes de responder. Sus ojos se pasaron indiscretamente por todo su cuerpo, enredado por una toalla que él había usado varias veces… ese pensamiento le hizo tensarse por dentro. Aún más. Con solo saber que conservaría el olor de Janikka en esa toalla…

-No, no estaba dormido.- Le dijo él. De inmediato, se sentó sobre el sofá. Se tallo los ojos, demonios… no era un sueño… de esos que lo hacían despertarse excitado, era Janikka, era de verdad. La vio parada frente a él, con gotas de agua aun recorriendo su cuerpo.- ¿Qué haces aquí?

-No tengo sueño…- Susurro ella. Pues en realidad, si estaba ahí era por otra cosa. –Así que decidí tomar un baño…- Ligeramente se sacudió el cabello para atrás. El miembro de Julian se erecto al instante. –Pero me ha despertado más.- Admitió y soltó una bonita sonrisa, que hizo sonreír a Julian también. Aunque por dentro, estaba más caliente que nunca. -¿Tienes algo que te haga dormir?

“Yo. Entre tus piernas…”

-Busca en la cocina.- Le dijo él. Janikka asintió, y camino en frente de él hasta el pequeño espacio de la cocina, abrió los estantes de madrea. Él se relamió los labios, que bonita vista… el perfecto trasero de Janikka empapado y envuelto en una toalla, con el cabello rozándola. Entonces quiso voltearla y hacérselo en ese mismo instante, en aquella encimera de la cocina, o en el lugar que fuera. Estaba erecto. Excitado. Y pronto se vendría si no colocaba su miembro en algún lugar. Janikka lo excitaba de inexplicables maneras.

El tan solo hecho de pensar que la tenía para él y solo para él, pero que hasta ese instante no había podido hacerla suya, lo estimulaba, le gustaba, lo seducía de infinitas maneras. La quería para él. Suya. Rosándole el cuerpo. Tocárselo. Tocarlo todo, hasta el último milímetro, abrirle las bonitas piernas, y saciarla hasta escucharle gritar su nombre.

Janikka encontró una pequeña caja de pastillas, somníferos que hasta ella misma tomaba. Pero cuando intento bajarlos del estante más alto, ya tenía las manos de Julian sujetándola de las caderas. Un gemido salió de sus labios…

-Tengo algo que te hará dormir mejor…- Le dijo él. Susurrándole en el oído, y se enredó en el olor de su cabello.

-¿Qué?- Le pregunto ella. Ahora con la voz debilitada. Su plan empezaba a dar resultados. Soltó la cajita de somníferos y los dejo caer al suelo, Julian la volteo para él, para mirarla.

-Yo.- Le dijo él. Ahora besándole los labios, sus manos apretaron el cuerpo de Janikka con el suyo, mientras que poco a poco ella sentía la enorme erección de Julian bajo sus pantalones. Otro gemido salió de sus labios mientras besaba los de Julian.

-¿Lo sientes?

-Si…- Respondió ella. Bajo la mirada, Julian estaba duro, igual o más que una piedra. Sus manos bajaron por su torso, hasta llegar al borde de su cintura enmarcada, hasta la pelvis.

-Tócalo. Vamos…- Le rogo él. Con la voz más ronca, Janikka cedió y acaricio la punta de aquella erección. Jamás había hecho esto en su vida, siempre le había parecido desagradable, pero con él… todo había cambiado. Primero lo acaricio suave, escuchando los leves gemidos roncos que Julian soltaba. –Dios mío nena… quiero hacértelo…- Le volvió a comer la boca, mezclando su deliciosa y húmeda lengua con la de Janikka.

-Hazlo…

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Y esa fue la última palabra que hizo que Julian no se lo pensara dos veces. La tomo de las piernas y la cargo, haciendo que Janikka entrelazara sus piernas tras su espalda. La toalla quedo subida hasta el último punto de sus piernas. Julian la cargo hasta el sofá, para luego acostarla sobre él. Janikka lo miro desde abajo, sus ojos fueron a parar en la erección de ese hombre tan estupendamente salvaje que la excitaba tanto.

Él no dudo en bajarse los pantalones y el bóxer, sin previo aviso, los ojos de Janikka se nublaron por un momento, estaba viendo demasiado, empezaba a mojarse, sentía esa fina humedad dentro de ella. Él estaba en frente de ella, completamente desnudo. Le parecía un sueño. Era perfecto. En cada rasgo. Cada centímetro. Cada parte de su cuerpo, incluyendo su gigantesco amigo. Ahora si estaba mojada. Lo necesitaba dentro de ella, moviéndose en su cuerpo, llenándola con esa enorme erección.

-Házmelo duro Julian, duro.- Él se inclinó sobre su cuerpo, se sostuvo de los codos para no aplastarla, aunque tampoco aguantaría mucho. Las palabras de Janikka tenían su miembro más erecto que nunca. Solo bastaba un solo contacto y derramaría todo su líquido sobre sus piernas.

-Eso hare nena…- Le afirmo él. Bajo la cabeza para quitarle el pequeño nudo a la toalla que Janikka tenía, con los dientes. La abrió, un lado a la izquierda y otro a la derecha. De pronto tenía el cuerpo de Janikka desnudo frente al suyo, empezó a agitarse, jadeante, volvió a inclinarse para besarle los pechos, abriendo su boca y comiéndose ese delicioso caramelo, para luego morderlo con delicadeza.

-Ahh.- Gimió ella. Se estremeció por completo. –Mhh…- Volvió a decir. Se movió de pies a cabeza. Julian volvió a morderle un pecho. –Oh, si… sigue…

-Voy a hacerte esto y mucho más preciosa…

-Dímelo…- Le rogo ella, antes de que él pudiera inclinarse para saciarla mucho más. –Dime lo que me harás…

-Te sorprenderías…

-Quiero escucharlo…- Susurro ella. Julian sonrió. Que buen sexo tendría esa noche. Con una mujer de su talla. Maldición, lo disfrutarían al máximo.

-Abre las piernas.- Le ordeno. Janikka lo hizo, mientras él posicionada su miembro en la entrada de ella, lo rozo suavemente por todos lados, sintiendo que Janikka le apretaba la espalda, deseosa por tenerlo adentro de una vez. -¿Quieres saber lo que te hare muñeca?

-Si…- Dijo ella, exhausta. Quería escuchar palabras eróticas de la boca de Julian. Que la excitara más, aunque no estaba segura si podría estarlo más.

-Te voy a dar preciosa, te voy a meter tanto… tan adentro que vas a gritar…- Julian tomo impulso, su miembro entro con fuerza dentro de Janikka, esta entreabrió la boca y soltó un respiro. –Y vas a pedirme más y más, hasta que tú te acostumbres a mí… a mí y a lo que te voy a dar…

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Se hundió en su cuerpo. Totalmente. Janikka contrajo la respiración, apenas y lograba dar señales de vida. La estaba penetrando tan intensamente que hasta soltaría lágrimas.

-Ahh.- Soltó un pequeño suspiro. Julian se separó para poder mirarla, para poder gozar de ese enorme privilegio. Verla así. Excitada, jadeante, transpirando lujuria y gimiendo para él y solo para él. –O si…- Murmuro ella, ahora cerrando los ojos. Apretó a Julian por la espalda, este volvió a sacar su miembro para rozarla lentamente por su feminidad de Janikka. –Hazlo de nuevo por favor…

-Si preciosa…- Le respondió él. Y la verdad es que tampoco aguantaba tanto tiempo sin meterlo. Sin sentir ese delicioso apretón. Subió las caderas y volvió a bajarlas para satisfacer a Janikka de nuevo.

-Ahh ¡Sí!... demonios si…- Esta vez ella grito más fuerte. Cerrando los ojos con fuerza. Julian sintió que veía el paraíso. Que se correría con solo verla en ese estado. Lo estimulaba tanto… más, mucho más de lo que ya estaba.

-¿Te gusta?

-Sí, me encanta… me encanta…- Dijo ella, poseída por sus palabras. Entonces él decidió que la haría gritar mas esta vez. Sus brazos se tensaron y volvieron a alzar sus caderas.

-Eres deliciosa.- Murmuro.

Deliciosa… y toda para mí.

La volvió a embestir con fuerza, mientras ella solo lo apretaba de la espalda con la esperanza de no demostrarle que en realidad le encantaba lo que le estaba dando. Pero fue imposible.

-¡Sigue! Más…- Le ordeno. Julian sonrió ligeramente. Una bonita sonrisa que había hecho que cualquier mujer se mojara en ese instante. El movimiento de caderas se hizo más continuo. Janikka lo apretaba más fuerte, y él se correría en cualquier momento. Los gemidos de Janikka lo enloquecían, cada vez más fuertes, más finos, más excitantes. Hacían que cada movimiento, cada penetración, cada vez que el la embestía con tanta fuerza y lujuria… nunca fuera suficiente. Necesitaba más. Llenarla por completo. Hasta que se corriera infinitamente. Y que sobre todo, recordara ese momento para toda su vida.

Una vez más volvió a aplastarla, su miembro se encontraba esta vez en todo su interior.

-Julian…- Susurro ella. Arqueando la espalda. Él se inclinó para besarle el cuello.

-Di…me…- Logro decir él. Y saco su miembro, húmedo, cubierto por todos los fluidos de Janikka.

-Esto es increíble.- Admitió ella, ahora intentando abrir los ojos y recuperándose un tanto por todas esas maravillosas embestidas.

-Vaya que lo es…- La miro a los ojos. Janikka miraba el umbral sigilosamente. Se había quedado callada. Solo su pequeña respiración, ahora ligera se escuchaba en medio de la noche. Lo habían hecho… habían tenido sexo como tanto lo había deseado ella desde el primer momento. Los ojos de Janikka brillaban, empezaban a hacerse pesados… era cierto, después de un maravilloso momento… le provocaba dormir. -¿Habías imaginado esto?- Le pregunto él, despojándolos del silencio.

-¿Qué cosa?

-Tener sexo con tu secuestrador…

-Nunca.- Le dijo ella. Ahora cerrando los ojos. La había dejado desecha, y ni siquiera habían llegado al clímax, al orgasmo. Si… también era verdad, después de un buen sexo solo te quedaba dormir… pero parecía que para él… eso no había significado un simple acoston.

2 comentarios:

  1. Que buen chap!!!!!!!!! dioos!!!! jajaja no pues que perfecto y placentero somnifero eeeeee, me encanta cada vez mas esta historia, continua por fiiis <3

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  2. santa madreee de Dios,,, hasta me dio caloooor,, pero despues de esa noticia pff,, que capitulo quiero leeer maaaas

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