CAPITULO 4
“Llevo aquí exactamente tres días. Y sigo haciéndome la
misma pregunta… ¿Cuándo es que me dejara libre? No lo sé… no lo sabría, si no
estuviera escribiendo esto, por si alguien me encuentra alguna vez… y tal vez
quiera saber las ultimas cosas que hice en mis últimos días de vida, por si
muero… por si él me quita la vida… que se yo, ya no sé qué esperar. No de él
¿Qué harías tú, si estuvieras aquí?... en mi lugar… secuestrada…”
Dejo el lápiz y el papel bajo las sabanas, para luego
regresar a la pequeña sala. Tan solo quería expresarse un poco. No le veía sentido
a las cosas. Julian llevaba más de dos horas en la calle. Otra vez retiraría
dinero ese día. A ese paso, ya habría terminado de retirar todo su dinero.
Que más le daba. Lo único que le importaba en ese
entonces era irse. Dejarlo. No volverlo a ver, nunca más si era posible.
Mudarse. Olvidarse de todo lo que estaba viviendo… pero… entonces. Una leve
oleada de sentimiento se abrió en su estómago. ¿De verdad quería olvidarse de
todo esto? Si. Quería ¿Y por qué lo dudaba? ¿Qué motivo tenia para empezar a
dudarlo? “No Janikka”, se dijo a sí misma, cerrando los ojos. Se conocía
perfectamente, y conocía cada síntoma que sentía cuando empezaba a…
Julian abrió la puerta del departamento. La cerró de
inmediato. Se detuvo por un momento antes de voltearse. No quería hablar, no tenía
ganas, y Janikka supo porque, cuando lo vio voltearse, con la mandíbula inflamada
y ligeramente morada. Golpeado. Su corazón se contrajo de inmediato al verlo así,
sus ojos lo observaron asustados, le dolía… y no sabía por qué… le dolía verlo así.
-Julian…
-Déjame, estoy bien.
-Dios mío ¿Qué te han hecho?.- Corrió de inmediato hacia
él. Antes, tomo lo más cercano a sus manos. Una servilleta tendida sobre la
mesa. Intento pasarla sobre el mentón de él. Julian cerró los ojos, negando con
la cabeza.
-Que estoy bien…- Susurro.
-No te hace falta hacerte el fuerte conmigo.- Le dijo
ella. Con una bonita sonrisa en los labios, que le tranquilizo en lo más
profundo. Julian también sonrió, sin saber porque, solo lo hizo. Janikka fue
hasta el grifo de la cocina, roció la servilleta de lana y volvió hacia él. –Está
muy inflamado.
-He estado peor.
-¿Qué te han hecho?
-¿De verdad te importa?
-No quiera pelear conmigo ¿Si? Trato de estar bien…
-Lo digo enserio ¿Te importa?.- Sintió sus manos rozarle
el mentón. Un roce que había sentido en lo más profundo. Se mojó los labios,
muy cerca a los de ella, de nuevo… maldito sentimiento… que bien se sentía
poder olerlos a poca distancia.
-Si…- Le contesto ella. De lo más profundo. Más allá del
rencor que se tenían. Le importaba. Si y mucho.
-Pues lo sabes, me
han golpeado.
-¿Quiénes?
-Un maldito hijo de…- Janikka lo miro mal. La servilleta
se puso helada. Termino de pasarla por su mentón. Al menos eso le ayudaría en
algo. La dejo a un lado, concentrándose ahora en la mandíbula de Julian.
-Pues ese hijo de… te ha dejado mal.
-Ellos han quedado peor.
-¿Quién fue?- Le dijo verdaderamente preocupada. Coloco
sus brazos sobre su fina cintura, viéndose realmente graciosa. La enorme
sudadera que Julian le había comprado, le quedaba hasta un poco más arriba de
las rodillas, por lo que no usaba pantalones.
-Un imbécil ¿Si? Uno de los que se han llevado a una de
tus mejores amigas.
A Janikka le entro un escalofrió. Recordar esa escena… le
erizaba la piel por completo.
-No creo que quieras escuchar esto.- Julian camino hasta
la habitación. Separándose de ella.
-Dímelo.
-Eres tan terca…- Refunfuño él.
-No me afectaría
-¿Quieres escuchar la verdad?- Le pregunto. Frio de
nuevo. Janikka le sacaba de quicio. Ella asintió. –Han matado a cuatro de tus
amigas.- Le dijo sin escrúpulos. Se abrió un silencio entre los dos. Los ojos
de Janikka se humedecieron por completo, solo le faltaba cerrarlos para
completar su llanto.
El cuerpo se le debilito. Sosteniéndose tan solo por la
mirada de Julian. La mataría… si… solo faltaba ella…- ¿Y sabes?- Le pregunto.
–Solo faltas tú y una más…- Las lágrimas de Janikka se hicieron interminables.
Otra vez asustada, sus manos empezaron a sudar. Sus ojos
se hicieron pequeños. –La diferencia es que yo no pienso hacerte nada.
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Julian se acercó a pequeños pasos, el ahora frágil cuerpo
de Janikka quedo encerrado entre él y la pared. Encerrado y acogido por sus
brazos, Julian levanto la cabeza, haciendo que lo mirara a él y solo a él. Que
pensara en él. Que lo escuchara a él. Que sea él, por una vez… lo único que le
importara.
-No voy a matarte.- Le dijo. Janikka se mordió el labio,
intentando no llorar. –He dejado que esos malditos hagan lo que se les ha
venido en gana conmigo por ti… pero no contigo…- Los brazos de Janikka le
rodearon la nuca. Julian sintió una fina oleada acogedora en su estómago. Le
gustaba cuando lo tocaba de esa forma. Tan sencilla y sutil. Tan propio de ella
y de lo hermosa que era. Tan mujer. Provocativa. Sensual. Ella. Ella y su
poder. El poder de inquietarlo tanto. -¿Me crees?
Janikka asintió. Si hablara se pondría a llorar.
-Así me gusta.- Julian le sonrió. Janikka bajo la cabeza
tratando de sonreír también. –Demonios… te he dicho que no me gusta verte
llorar.
Esta vez ella si rio. Bajo las manos de su nuca, para
limpiarse las lágrimas de las mejillas.
-Es tarde…- Le dijo él.
-Sí, ya me iba a dormir…
-Ok, hasta mañana entonces.- Le dijo él. Janikka deseo
que el momento no acabara ahí. Tenía unas inmensas ganas por besarlo. Si.
Muchísimas. Incontenibles. Deseaba agradecerle tanto por estar haciendo esto
por ella. Tumbarlo en el sofá y comerle la boca de distintas maneras.
Probar su lengua una vez más. Acariciar su torso, sus
brazos, desnudos y para ella. Sus bíceps hechos a la medida. Provocarlo.
Excitarlo tanto. Lo necesitaba. Necesitaba escuchar que le pedía un minuto de
placer junto a ella. Necesitaba en el fondo… que le dijera que le importaba
muchísimo. Que nunca había hecho eso con otra mujer. Que ella no era una simple
mujer. Que ella era suya. Suya.
-Hasta mañana.- Se despidió. Camino hasta su habitación.
“Julian”… susurro en su cabeza. Dios mío. Julian. Mío… mío… si… su mente estaba
ocupada por él. Sus sentidos. Su cuerpo entero quería ser tocado por sus manos.
Aquellas que la llenaban completamente. Aquellas que la habían tocado toda. Sin
limitación. “Quiero ser suya… hazme tuya”… ¿Cómo? De todas las formas. Cerró la
puerta de la habitación. No dormiría esa noche, pues tenía un plan en mente… un
plan que seguro funcionaria, que haría que Julian la hiciera suya de una vez
por todas. Lo deseaba. Más que a nada. Y sentía que ese sentimiento se hacía más
fuerte… más y más…
Esa noche, se lo haría duro…
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Julian cerró sus ojos. Al menos quería descansar por un
momento, no dormir… no. Es que no podía hacerlo. No con Janikka en su cabeza,
es decir… pendiente de ella. De que no intentara nada contra él o algo más,
después de lo que le había contado. Aunque no lo creía. En todo caso, él
estaría preparado.
Janikka se secó el cabello. Recién terminada de bañarse.
Y aun con la toalla más grande enredada en su cuerpo, se asomó por el borde de
la puerta de la habitación. Sus labios interiores fueron levemente mordidos por
sus dientes al mirarlo a él… descansando sobre el sofá. Entonces se dio fuerzas
a sí misma, y salió de la habitación, moviendo las caderas.
Encendió las luces, Julian enseguida se inclinó para
observar lo que pasaba.
-Perdona, ¿Te he despertado?- Le pregunto ella. Con un
rostro angelical. Julian se le quedo observando antes de responder. Sus ojos se
pasaron indiscretamente por todo su cuerpo, enredado por una toalla que él había
usado varias veces… ese pensamiento le hizo tensarse por dentro. Aún más. Con
solo saber que conservaría el olor de Janikka en esa toalla…
-No, no estaba dormido.- Le dijo él. De inmediato, se sentó
sobre el sofá. Se tallo los ojos, demonios… no era un sueño… de esos que lo
hacían despertarse excitado, era Janikka, era de verdad. La vio parada frente a
él, con gotas de agua aun recorriendo su cuerpo.- ¿Qué haces aquí?
-No tengo sueño…- Susurro ella. Pues en realidad, si
estaba ahí era por otra cosa. –Así que decidí tomar un baño…- Ligeramente se
sacudió el cabello para atrás. El miembro de Julian se erecto al instante. –Pero
me ha despertado más.- Admitió y soltó una bonita sonrisa, que hizo sonreír a
Julian también. Aunque por dentro, estaba más caliente que nunca. -¿Tienes algo
que te haga dormir?
“Yo. Entre tus piernas…”
-Busca en la cocina.- Le dijo él. Janikka asintió, y
camino en frente de él hasta el pequeño espacio de la cocina, abrió los
estantes de madrea. Él se relamió los labios, que bonita vista… el perfecto
trasero de Janikka empapado y envuelto en una toalla, con el cabello rozándola.
Entonces quiso voltearla y hacérselo en ese mismo instante, en aquella encimera
de la cocina, o en el lugar que fuera. Estaba erecto. Excitado. Y pronto se
vendría si no colocaba su miembro en algún lugar. Janikka lo excitaba de
inexplicables maneras.
El tan solo hecho de pensar que la tenía para él y solo
para él, pero que hasta ese instante no había podido hacerla suya, lo
estimulaba, le gustaba, lo seducía de infinitas maneras. La quería para él.
Suya. Rosándole el cuerpo. Tocárselo. Tocarlo todo, hasta el último milímetro,
abrirle las bonitas piernas, y saciarla hasta escucharle gritar su nombre.
Janikka encontró una pequeña caja de pastillas,
somníferos que hasta ella misma tomaba. Pero cuando intento bajarlos del
estante más alto, ya tenía las manos de Julian sujetándola de las caderas. Un
gemido salió de sus labios…
-Tengo algo que te hará dormir mejor…- Le dijo él.
Susurrándole en el oído, y se enredó en el olor de su cabello.
-¿Qué?- Le pregunto ella. Ahora con la voz debilitada. Su
plan empezaba a dar resultados. Soltó la cajita de somníferos y los dejo caer
al suelo, Julian la volteo para él, para mirarla.
-Yo.- Le dijo él. Ahora besándole los labios, sus manos apretaron
el cuerpo de Janikka con el suyo, mientras que poco a poco ella sentía la
enorme erección de Julian bajo sus pantalones. Otro gemido salió de sus labios
mientras besaba los de Julian.
-¿Lo sientes?
-Si…- Respondió ella. Bajo la mirada, Julian estaba duro,
igual o más que una piedra. Sus manos bajaron por su torso, hasta llegar al
borde de su cintura enmarcada, hasta la pelvis.
-Tócalo. Vamos…- Le rogo él. Con la voz más ronca,
Janikka cedió y acaricio la punta de aquella erección. Jamás había hecho esto
en su vida, siempre le había parecido desagradable, pero con él… todo había
cambiado. Primero lo acaricio suave, escuchando los leves gemidos roncos que
Julian soltaba. –Dios mío nena… quiero hacértelo…- Le volvió a comer la boca,
mezclando su deliciosa y húmeda lengua con la de Janikka.
-Hazlo…
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Y esa fue la última palabra que hizo que Julian no se lo pensara
dos veces. La tomo de las piernas y la cargo, haciendo que Janikka entrelazara
sus piernas tras su espalda. La toalla quedo subida hasta el último punto de
sus piernas. Julian la cargo hasta el sofá, para luego acostarla sobre él.
Janikka lo miro desde abajo, sus ojos fueron a parar en la erección de ese
hombre tan estupendamente salvaje que la excitaba tanto.
Él no dudo en bajarse los pantalones y el bóxer, sin
previo aviso, los ojos de Janikka se nublaron por un momento, estaba viendo
demasiado, empezaba a mojarse, sentía esa fina humedad dentro de ella. Él
estaba en frente de ella, completamente desnudo. Le parecía un sueño. Era
perfecto. En cada rasgo. Cada centímetro. Cada parte de su cuerpo, incluyendo
su gigantesco amigo. Ahora si estaba mojada. Lo necesitaba dentro de ella,
moviéndose en su cuerpo, llenándola con esa enorme erección.
-Házmelo duro Julian, duro.- Él se inclinó sobre su
cuerpo, se sostuvo de los codos para no aplastarla, aunque tampoco aguantaría
mucho. Las palabras de Janikka tenían su miembro más erecto que nunca. Solo
bastaba un solo contacto y derramaría todo su líquido sobre sus piernas.
-Eso hare nena…- Le afirmo él. Bajo la cabeza para
quitarle el pequeño nudo a la toalla que Janikka tenía, con los dientes. La
abrió, un lado a la izquierda y otro a la derecha. De pronto tenía el cuerpo de
Janikka desnudo frente al suyo, empezó a agitarse, jadeante, volvió a
inclinarse para besarle los pechos, abriendo su boca y comiéndose ese delicioso
caramelo, para luego morderlo con delicadeza.
-Ahh.- Gimió ella. Se estremeció por completo. –Mhh…- Volvió
a decir. Se movió de pies a cabeza. Julian volvió a morderle un pecho. –Oh, si…
sigue…
-Voy a hacerte esto y mucho más preciosa…
-Dímelo…- Le rogo ella, antes de que él pudiera
inclinarse para saciarla mucho más. –Dime lo que me harás…
-Te sorprenderías…
-Quiero escucharlo…- Susurro ella. Julian sonrió. Que buen
sexo tendría esa noche. Con una mujer de su talla. Maldición, lo disfrutarían
al máximo.
-Abre las piernas.- Le ordeno. Janikka lo hizo, mientras
él posicionada su miembro en la entrada de ella, lo rozo suavemente por todos
lados, sintiendo que Janikka le apretaba la espalda, deseosa por tenerlo
adentro de una vez. -¿Quieres saber lo que te hare muñeca?
-Si…- Dijo ella, exhausta. Quería escuchar palabras
eróticas de la boca de Julian. Que la excitara más, aunque no estaba segura si
podría estarlo más.
-Te voy a dar preciosa, te voy a meter tanto… tan adentro
que vas a gritar…- Julian tomo impulso, su miembro entro con fuerza dentro de
Janikka, esta entreabrió la boca y soltó un respiro. –Y vas a pedirme más y más,
hasta que tú te acostumbres a mí… a mí y a lo que te voy a dar…
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Se hundió en su cuerpo. Totalmente. Janikka contrajo la
respiración, apenas y lograba dar señales de vida. La estaba penetrando tan
intensamente que hasta soltaría lágrimas.
-Ahh.- Soltó un pequeño suspiro. Julian se separó para
poder mirarla, para poder gozar de ese enorme privilegio. Verla así. Excitada,
jadeante, transpirando lujuria y gimiendo para él y solo para él. –O si…-
Murmuro ella, ahora cerrando los ojos. Apretó a Julian por la espalda, este volvió
a sacar su miembro para rozarla lentamente por su feminidad de Janikka. –Hazlo
de nuevo por favor…
-Si preciosa…- Le respondió él. Y la verdad es que
tampoco aguantaba tanto tiempo sin meterlo. Sin sentir ese delicioso apretón. Subió
las caderas y volvió a bajarlas para satisfacer a Janikka de nuevo.
-Ahh ¡Sí!... demonios si…- Esta vez ella grito más
fuerte. Cerrando los ojos con fuerza. Julian sintió que veía el paraíso. Que se
correría con solo verla en ese estado. Lo estimulaba tanto… más, mucho más de
lo que ya estaba.
-¿Te gusta?
-Sí, me encanta… me encanta…- Dijo ella, poseída por sus
palabras. Entonces él decidió que la haría gritar mas esta vez. Sus brazos se
tensaron y volvieron a alzar sus caderas.
-Eres deliciosa.- Murmuro.
Deliciosa… y toda para mí.
La volvió a embestir con fuerza, mientras ella solo lo
apretaba de la espalda con la esperanza de no demostrarle que en realidad le
encantaba lo que le estaba dando. Pero fue imposible.
-¡Sigue! Más…- Le ordeno. Julian sonrió ligeramente. Una
bonita sonrisa que había hecho que cualquier mujer se mojara en ese instante.
El movimiento de caderas se hizo más continuo. Janikka lo apretaba más fuerte,
y él se correría en cualquier momento. Los gemidos de Janikka lo enloquecían,
cada vez más fuertes, más finos, más excitantes. Hacían que cada movimiento,
cada penetración, cada vez que el la embestía con tanta fuerza y lujuria… nunca
fuera suficiente. Necesitaba más. Llenarla por completo. Hasta que se corriera
infinitamente. Y que sobre todo, recordara ese momento para toda su vida.
Una vez más volvió a aplastarla, su miembro se encontraba
esta vez en todo su interior.
-Julian…- Susurro ella. Arqueando la espalda. Él se inclinó
para besarle el cuello.
-Di…me…- Logro decir él. Y saco su miembro, húmedo,
cubierto por todos los fluidos de Janikka.
-Esto es increíble.- Admitió ella, ahora intentando abrir
los ojos y recuperándose un tanto por todas esas maravillosas embestidas.
-Vaya que lo es…- La miro a los ojos. Janikka miraba el
umbral sigilosamente. Se había quedado callada. Solo su pequeña respiración,
ahora ligera se escuchaba en medio de la noche. Lo habían hecho… habían tenido
sexo como tanto lo había deseado ella desde el primer momento. Los ojos de
Janikka brillaban, empezaban a hacerse pesados… era cierto, después de un
maravilloso momento… le provocaba dormir. -¿Habías imaginado esto?- Le pregunto
él, despojándolos del silencio.
-¿Qué cosa?
-Tener sexo con tu secuestrador…
-Nunca.- Le dijo ella. Ahora cerrando los ojos. La había
dejado desecha, y ni siquiera habían llegado al clímax, al orgasmo. Si… también
era verdad, después de un buen sexo solo te quedaba dormir… pero parecía que
para él… eso no había significado un simple acoston.




Que buen chap!!!!!!!!! dioos!!!! jajaja no pues que perfecto y placentero somnifero eeeeee, me encanta cada vez mas esta historia, continua por fiiis <3
ResponderEliminarsanta madreee de Dios,,, hasta me dio caloooor,, pero despues de esa noticia pff,, que capitulo quiero leeer maaaas
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