CAPITULO 2
“Declaran desaparecida a Janikka Leppälä, hija del
empresario Saku Petteri Leppälä, desde ayer por la noche después de no encontrarla
en su residencia en Tampere. La policía aún está buscando testigos, pero las
únicas personas que habían viajado con ella también están desaparecidas…”
El somnífero había hecho efecto en ella desde que habían
partido de Tampere. No específicamente en un avión de primera clase, sino más
bien en una agencia de la que ella jamás había oído hablar. Con amenazas,
algunos gritos y llantos, Julian había logrado que Janikka no hablara en todo
el viaje. Qué carácter tenía esa mujer. Discutía tanto con el cómo podía. Cada
vez que tenía oportunidad, ¿Acaso no sentía ni un poco de miedo con él?, era
diferente… muy diferente a cualquier otra.
Julian la tomo del brazo, después de 3 horas de viaje,
era la primera vez que la tocaba. La sostuvo fuertemente, Janikka solo cedió.
Él metió las llaves del departamento en la cerradura y procedió a abrirlo. Hizo
entrar a Janikka.
-¿Te gusta?- Le pregunto a ella, refiriéndose al
departamento.
-No.- Le respondió ella. Seca. Y con un hilo de voz. De
inmediato se adentró al pequeño cuarto que Julian había conseguido para los
dos.
-¿Pensabas que iba a comprarme una suite solo para
tenerte a ti?- La vio entrar. Delicadamente poso sus ojos en las caderas de
ella, sin que Janikka lo notara del todo. Relamió sus labios ahora al observar
su delicioso trasero, y si… tal vez pensar un poco… todo lo que haría con el.
Cerró la puerta del departamento, solo él sabia como
asegurarla por si Janikka quisiera escapar. Dos candados. Tres y después se
hicieron cuatro. Una barra de seguridad. Y otra amenaza. –Creo que no tengo que
volver a repetirte lo que te pasaría si intentas salir ¿No?
Janikka ni siquiera le respondió. Su cuerpo empezaba a
debilitarse. Ahora más que nunca deseaba dormir. El maldito somnífero de
Julian, que él había utilizado en su pañuelo, le había hecho efecto… o tal vez
solo deseaba llorar un poco en algún lugar lejano, sin que él pudiera verla.
-Necesito dormir.- Le confeso ella. Julian la miro de
reojo. No es que realmente le importara lo que ella necesitaba, su misión era
solo tenerla y exprimir todo el dinero que pudiera conseguir de ella, pero de
alguna u otra manera… quiso atenderla.
-No hay lugar.- Le dijo él. Por primera vez se atrevía a mirarla a los ojos.
Janikka también lo hizo. –Esto no es un hotel nena.
-No necesito una cama, solo necesito dormir.- Le dijo
ella, ahora con la voz debilitada. ¿Qué demonios le pasaba? De pronto se sentía
peor que nunca. Descompuesta. Lo último que le faltaba en ese momento era
enfermarse.´
Julian escucho sus últimas palabras. Se adentró a la
habitación que había en ese pequeño departamento y entrecerró la puerta para
que Janikka no pudiera observar lo que hacia adentro. Saco un par de sabanas y
una manta gruesa para luego tenderlas en el piso.
-Duerme aquí.- Le dijo él. Frio. Como siempre. Janikka lo
escucho y fue hasta la habitación en
donde Julian estaba.
-Gracias.- Susurro ella, sorprendida. No se esperaba ese
gesto de él. Levanto la mirada, que guapo era… de verdad… le gustaba mucho ver
sus ojos. Aunque pareciera una tontería.
Él asintió.
-Janikka.- Murmuro él. Y a ella le dio un pequeño
escalofrió al escuchar su nombre entre sus labios. Tanto que llego a erizarle
la piel. –No causes problemas ¿Si? No quiero tenerlos contigo.- Le dijo antes
de cerrar la puerta de la habitación. Con todo esto no había llegado a
preguntarle su nombre, ¿Cómo es que se llamaba? Aun no lo sabía. Pero después
de todo no había resultado tan mal… observo lo que había hecho por ella para
que pudiera dormir y le dieron ganar de llamarlo… preguntarle su nombre… se rio
de ella misma al escuchar sus propias fantasías. ¿Qué dirían sus amigas de algo
como eso?, volvió a reírse.
Ahora se concentró en su ropa. No se la cambiaba desde
ayer. Como odiaba aquello. Volteo a ver la puerta de la habitación,
completamente cerrada… no perdería nada si se cambiaba ahí mismo. Así que se
quitó la ropa que traía desde ayer y se adentró en el pequeñísimo baño que
había dentro de la habitación, colocándola sobre el lavamanos.
Su bonito conjunto de encaje quedo al descubierto, era de
seda y le remarcaban las deseables caderas y su trasero. Se quitó las
zapatillas, deseosa por descansar al fin… salió del baño, después de haber
lavado su ropa como pudo y dejándola secar y al cabo de eso… se acostó sobre
las sabanas que había en el piso.
Pero que buena estaba… muy buena, buenísima. Con todo en
su lugar. Y si empezaba por sus piernas, pararía en un lugar prohibido que su
lengua moría por probar. ¿Qué pasaría si se la comiera ahora? Julian intento
aguantarse las ganas. Miraba todo desde la puerta. ¿Es que acaso era un maldito
plan para atraparlo como nunca en su vida? Relamió los labios, ahora mirándole
los pechos, redondos y jugosos… deseo tanto probarlos ahora mismo, hasta
hacerla gritar tan fuerte como podía, era su única petición.
Hacerlo con ella. Tanto. Duro. Durísimo. Meter su miembro
entre esas piernas deliciosas. Hacerla gozar hasta escucharla pedir más y más.
“Cierra la maldita puerta… -se dijo a sí mismo”- Dándose cuenta de la enorme
erección que ahora adornaba sus pantalones con solo mirarla tendida sobre esas
sabanas, con una bonita lencería… “Y cuanto amaría sacársela con los dientes
ahora…” Dijo entre sus pensamientos “Entra y tómala” Le dijo su subconsciente
muy dentro de él. Julian cerró y abrió los ojos muy rápidamente, necesitaba
irse de ese lugar antes de que pudiera terminar irreconocible con ella.
Tomándola con todas las fuerzas de sus caderas. Cerró la
puerta sigilosamente. Vaya, estaba embelesado y con la vista más nublada que
nuca, necesitaba estar con alguien. Hacerlo duro con alguien, ahora mismo. Y no
se aguantaría las ganas.
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Janikka se levantó. Tenía el cuerpo ligeramente cubierto
por una fina capa de sudor. Sumándole todo el dolor que sentía en ella por
haber dormido sobre esas sabanas que Julian había preparado para dormir. Se
había hecho de noche en menos de lo que había imaginado. Fue hasta el baño
donde, recordaba, había dejado su ropa secando después de haberla lavado como
pudo. Se la puso y cuando pudo salir del pequeño baño… sus oídos escucharon lo
que jamás… nunca le hubiera gustado percibir.
-¡Si!- Grito una voz femenina desde afuera. Janikka
agudizo el oído. -¡Oh si! Sigue… sigue…- Gritando de nuevo. La piel de Janikka
se erizo por completo, optando por un color diferente. Ruborizada, intento
abrir la puerta de la habitación. -¡Mas! Oh… si, mas…- La vista se le nublo por
completo al observar a Julian haciéndoselo a una mujer en el sofá.
Trago saliva. La oscuridad la ayudaba a ocultarse. Asco.
Maldición. Esa mujer no dejaba de gemir cada vez que el entraba en ella con
fuerza. Y Janikka podía verlo, observaba como se retorcía cuando Julian la
embestía con ganas, bombeándola de placer, apretándola con las manos, gozando
hasta el punto máximo ese inmenso deleite.
-¿Te gusta?- Le pregunto él. Aquella voz la estremeció
por completo. Tanto que hasta procedió a morder su labio inferior, deseosa… si…
deseosa por estar en el lugar de esa mujer.
-¡Si, Dios… sigue!- Le ordeno ella. Y Janikka en su
lugar, también deseaba que siguiera tomándola, haciéndoselo, observando todo.
Cuando de pronto, los sentidos volvieron a su lugar y en vez de seguir
observando, se encerró en la habitación de nuevo, haciendo sonar la puerta con
fuerza.
Los gemidos se detuvieron. Janikka sintió que moría, la
habían descubierto. Trato de esconderse en el baño, pero él… ya estaba dentro
de la habitación.
-Estas pálida.- Le dijo, al encender las luces. Traía los
pantalones a la cadera, ligeramente sudado y despeinado.
-Si, si… debe ser…- Le respondió ella. No quiso mirarlo a
los ojos por qué sintió que se ruborizaría de nuevo.
-Y como no vas a estarlo si has visto lo de afuera.-
Julian soltó una risa pequeña.
-Ha sido intencional
-Sí, claro.
-No me gusta ver porquerías.- Le dijo molesta. –Al menos
deberías tener un poco de respeto por mí.
-Lo tengo.
-Oh claro… y por eso traes a esa mujerzuela a este
departamento mientras yo estoy aquí.- Se ruborizo de nuevo ¿Por qué le
reclamaba al propio secuestrador?
-¿Te ha molestado hermosa?
-Te recuerdo que esto no es más que un maldito
secuestro.- La miro. Ahora él también estaba enfadado, y al notar que ella
igual, decidió seguirle el juego.
–Además… si lo he hecho es porque te has dormido en ropa
interior…
Janikka trago saliva. Ahora si sentía la sangre sobre su
rostro.
-Es que solo a alguien como tú se le ocurre dormirse en
ropa interior con alguien que ni siquiera conoce.- La miro a los ojos,
comiéndosela con la mirada. Sus ojos fueron a parar entre sus pechos, de nuevo
pensó en lo dulce que sabrían en su boca. Al igual que su intimidad. Delicioso.
–Y no dudaría…- Susurro, y entre cerró la puerta un poco más, de la habitación.
Poco a poco fue aminorando la distancia que había hasta
ella. –En pensar que estas mojada…- Janikka tembló por dentro al escuchar esas
palabras. ¿Cómo lo sabía? ¿A caso… lo sentía? Relamió sus labios
involuntariamente. –Mojada después de haberme visto haciéndoselo a alguien…-
Janikka retrocedía a medida que él se acercaba, tanto que fue a parar hasta la
pared, chocando con ella, sin escapatoria, pues él estaba del otro lado
impidiéndole salir. -¿Me equivoco?- Suavemente posiciono sus manos sobre las
caderas de Janikka.
Se había excitado en menos tiempo con ella, que con la
mujer que había contratado para saciar sus deseos. Y es que su deseo era ella.
Tomarla. Se apegó a Janikka, respirando su propio aliento, y rozando su
erección en el vientre de ella, haciéndola sentir de alguna manera todo lo que
provocaba en él. Se movió en círculos, la misma Janikka soltó un leve gemido.
Ahora si estaba realmente mojada. Excitada en su punto máximo. –Dime que
quieres sentirme dentro de ti.- Susurro él. –Dímelo… vamos…
-No.- Le dijo ella. El sentido común había vuelto a ella
a tiempo. Janikka lo alejo, a pesar de tener las manos de Julian firmes en sus
brazos. Al menos tenía una cosa clara. –Jamás estaría con alguien como tú.
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-Suéltame.- Murmuro ella. Julian deslizo sus manos
suavemente por los brazos de ella. Haciéndola estremecer. Conocía cada
movimiento que ella apetecía de el. –Hay alguien que espera por ti.- Le indico,
y su mirada apunto a la puerta.
-Maldición.- Julian se volteo. La mujer que había llevado
lo esperaba en el borde de la puerta. Janikka no había logrado observarla bien
con la obscuridad hace unos minutos, era muy guapa a decir verdad, alta y
rubia. Julian camino hasta ella, si decirle una sola palabra a Janikka.
Estaba molesto, tanto que cerro la puerta de la habitación
con fuerza, Janikka salto en su sitio ¿Y como no enfadarse después de haberlo
dejado con las ganas? Le pago lo acordado a la mujer que había contratado para
saciarlo, despidiéndola. Una francesa bonita que había sabido complacerlo, pero
no lo suficiente, pues Janikka lo había seducido en menos tiempo.
“Inmadura”. Mil veces, pensó. “¿Se cree la gran cosa?” No
se lo podía creer. No había mujer en el mundo, que lo hubiera rechazado de tal
forma. En otros casos, si hubiera llegado a ese nivel con cualquier otra, esta
hubiera aceptado. Pero ¿Janikka? “Maldición, maldición, maldición” ¿Aun
conservaba la erección? Bajo su mirada. Si, aun la tenía. Mas grande ahora ¿Y
como no? Si con tan solo rozarle la piel… su miembro había reaccionado como si
hubiera despertado después de un año de abstinencia “¿Qué tienes Janikka
Leppälä?” pensó. ¿Qué tienes que me gusta tanto? Y que de alguna manera, no se
lo quería dar.
Abrió con rudeza la puerta de la habitación. Janikka se
volteo sobresaltada. Menos mal y esta vez no la encontraba en ropa interior. Cerró
la puerta haciendo ruido de nuevo.
-Es muy tarde…
-Se me ha quitado el sueño
-¿No confías en mi?
-¿Tengo que responderte?
-Si muñeca…
-Maldición… que no me gusta que me llames así…- Le
respondió ella.
-Y a mi no me gusta tenerte de invitada en mi casa.- La
reto el.
-Es tu problema.
-Vaya, vaya…- Dijo caminando a pasos lentos. Janikka
sintió que la calentura volvería a ella. Que hombre. Cuanto la excitaba. –Hay
alguien aquí que no tiene idea de lo que le puede pasar si sigue portándose
mal.- Murmuro. Ahora muy cerca a su rostro, Janikka intento no mirarlo
demasiado, concentrándose en otro punto que no era el. –Y de lo bien que la
puede pasar…- Julian le acaricio el mentón con su labio inferior. Rozándolo
como una tercia pluma. –Si se porta correctamente…
-¿Tantas ganas me tienes?
-Muchas…- Ahora la apretó de la cintura, haciéndola
cortar la respiración por un fragmento de segundo. Juntaron sus cuerpos. Una
sensación increíble.
–Agradécelo… he contratado a una prostituta para no
tomarte antes, me estoy aguantando mucho…- Le acaricio la cintura con sus
manos, alzando ligeramente la fina tela que le cubría las caderas. Sus dedos
hicieron contacto con la tibia piel de Janikka.
-Te lo he dicho… jamás estaría con alguien como tu…-
Murmuro ella, a base de gemidos, pues Julian había posicionado sus labios sobre
su cuello, recorriéndolo tan sensualmente como podía. Ella cerró los ojos.
Julian levanto la mirada al escucharla hablar, sabia lo que sentía en ese
momento debido al tono de su voz que manejaba. Estaba excitada. Lo único que le
faltaba era un pequeño empujón… así que intento besarle los labios de una maldita
vez. Comerle la lengua y hacerla gozar tanto como podía. Pero ella, volvió a
separarse. –Jamás dejaría que alguien como tu me besara los labios…
Y esa fue la gota que derramo el vaso. Julian la agarro
con fuerza, estampándola en la pared. Su mirada era otra, sus ojos… ahora
llenos de lujuria, la miraron sin importarle lo que podría venir después. Le
quito la ropa tan rápido como pudo. Ahora ella no tenia como defenderse, ni
siquiera las palabras podrían calmar a esa fiera que había creado y que estaba
a punto de comérsela. Desnuda, las ganas tampoco fueron efímeras. Observaba
todo lo que hacia, de que manera la tocaba y como se excitaba más cuando veía
todo lo que tenia ante sus ojos.
--Nadie va a besarte los labios, preciosa…- Le advirtió
el. Ella sintió las manos de Julian apretarle el trasero tan fuertemente que
logro juntarle el cuerpo hasta su poderosa erección. –Sera todo lo contrario.-
Ahora dejo de ver su rostro. Tenia a Julian besándole el vientre mientras
suavemente bajaba por sus caderas. Y ella, decidió aferrarse a la pared para
poder contener esos enormes gritos que quería soltar.
Los dedos de Julian la tocaron desprevenida, metiéndolos
en el espacio de entre su piel y su fina ropa interior. Los besos de aquel
hombre la siguieron persiguiendo por todo el cuerpo, ahora sentía que la
atacaba por abajo, justo ahí… donde ella no tardaría en gritar. Sus dientes
mordieron ligeramente la ropa interior de Janikka por el costado. Bajándoselas.
Ella se estremeció. ¿Qué se estaba dejando hacer?
-Ah…- Murmuro ella. Un primer gemido que la ayudaría a
soltar los demás. De pronto recordó a la mujer, gritando… gritando por el, por
lo bien que se debía sentirlo adentro, muy adentro de ella. Se mordió el labio.
Sin darse cuenta, tenia las pantis a la rodilla.
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-Eso es.- Le dijo él. Animándole a que dejara tocarse por
el. Que lo dejara tocar a su máximo esplendor. –Te gustara preciosa.- Ahora se
coloco de rodillas, la mejor posición que podía tener, tenia tanto por hacer en
ese apetecible lugar. Se mojo los labios. La imagen era tan fuerte, que con
solo verla aferrada a la pared y apunto de gritar, se estremecía mas y mas, con
muchas mas ganas de hacérselo en ese mismo instante. Tenía los labios húmedos.
Y podía percibir que la feminidad de Janikka también lo estaba.
La abrió de piernas, Janikka ya no ponía resistencia ¿Y
como lo iba a hacer? Si le gustaba tanto lo que sentía… tanto… que pensó que
moriría. Movió las caderas, entregándole más a Julian. –Grita todo lo que
quieras muñeca, estamos en Paris… nadie sabe nuestro idioma…- La miro
lujurioso. Mordiéndole uno de los muslos, para luego pasar su lengua por uno de
ellos, de arriba hacia abajo. Que bien olía ahí abajo. Se acerco a su abertura,
entre los dos labios genitales, le satisfacía tanto ver eso… sus labios besaron
delicadamente la feminidad de Janikka.
-Mmm.- Susurro ella. Ahora poseída por el. Julian la beso
de nuevo, ahora con más intensidad.
-Te gustara…- Dijo él. –Más… cuando pase mi lengua por
ahí…- Janikka soltó un pequeño gemido ahogado. Julian había introducido su
lengua en ella, en todo su esplendor, una oleada de placer se expandió por todo
su cuerpo.
-¡Ahh! Oh…- Grito ella. Julian volvió a bombearla con la
lengua. Tan intenso como podía. Deseando tanto que su miembro ocupara el lugar
de su lengua.
-Te gusta hermosa, dímelo… dime que te gusta…
-Si Dios… me encanta…- Le respondió ella. La cabeza de
Julian no dejaba de moverse, al compas de su lengua y acoplándose con los
intensos gemidos de ella. Maldición. Se la comía una vez mas, eyacularía sin
siquiera haber terminado. Cuanto poder tenía aquella mujer. Sus pantalones
reventarían. Necesitaba hacerlo. Hacerlo con ella. Era más que un simple deseo.
Era algo que su propio cuerpo le obligaba a hacer.
-Necesito estar en ti…- Le pidió. Subiendo entre besos
hasta su rostro.
Se miraron. En un momento interminable. Los ojos
azul/verdes de Julian atraparon a los verdes de Janikka. El deseo seguía ahí,
pero en cambio, de pronto… hubo algo más fuerte. Algo que le invadió el cuerpo
y la mente. Janikka sostuvo la mirada, lo único que reflejaba era miedo, temor,
aunque también había disfrutado del momento, sabia que Julian la tenia en sus
manos, y que podía hacer lo que quisiera con ella. No quería abusar de ella. No
de nuevo…
Se le separo. Pequeños recuerdos invadieron su mente.
Recuerdos que le dolían muchísimo. Prefería masturbarse por su propia cuenta.
Se metió al baño de la habitación, mientras Janikka aprovechaba para arreglarse
la ropa interior. De nuevo en su lugar. Mas avergonzada que nunca. Y en medio
del silencio lo escucho gemir desde el baño. Seguramente imaginándosela.
Si no había terminado de comérsela… había sido por algo…
había prometido jamás volver a abusar de una mujer.
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Y Paris amanecía nubloso ese día. Janikka se asomó por la
puerta de la pequeña habitación… otra vez, él afuera, ahora encendido por los
escasos rayos de sol de la inmensa ventana que se extendía ante él. ¿Había
mencionado lo guapo que era? Y no lo había recordado… ni siquiera conocía su
nombre. Los pequeños ojos de Janikka se pasearon por toda esa masa de músculos,
desde la punta de los pies hasta el último cabello. Y pensar que anoche
estuvieron a punto de…
-Ven aquí.- Le indico él. La había sentido desde hace
varios minutos. Janikka abrió más la puerta para salir. –¿Me has oído? Ven.- Le
dijo de nuevo.
-¿Qué?- Le pregunto ella.
-Necesito las claves de tus tarjetas.- Le indico. –Escríbelas
en ese papel ahora m ismo, que no tengo tiempo para perderlo.
-¿Mis…
-¡Tus claves!.- Grito. Janikka observo el papel tendido
sobre el sofá con un bolígrafo, se acercó a él antes de que Julian pudiera
gritar más. –No tengo ni un solo minuto más, así que escribe las malditas
claves de una vez.
Janikka movió la mano rápidamente. Apenas podía
recordarlas por lo nerviosa que estaba y que Julian la ponía. Digito un par de
números, para luego escribir un par más hasta completar el grupo.
-Tienes dos tarjetas de crédito a tu nombre y dos de débito.-
Le dijo él, al observar que había escrito la clave de solo una. –Escribe las
claves de todas tus malditas tarjetas.
-No recuerdo las de las dos últimas…
-¡No me mientas!.- Volvió a gritar. A Janikka le entraron
ganas de llorar, sin embargo, no lo hizo. –Demonios.- Dijo él, muy enojado.
-Te lo juro… no las recuerdo…- Susurro ella ahora con las
manos temblando.
De pronto las paredes resonaron Julian las golpeó de
nuevo. Un par de veces más. Desquitándose por completo. Lo necesitaba.
Necesitaba tener un descanso de su propio ser, de sus propios recuerdos, de
Janikka, de lo que había pasado anoche. Golpeo las paredes tres veces más, los
ladrillos explotarían en cualquier momento. Explotarían como él, que no tenía
control… cada vez que recordaba la clase de porquería que había sido hace unos
años. Y de lo que había sido capaz.
-Voy a recordarlas…- Dijo Janikka, entre lágrimas
escondidas. Su rostro húmedo lo decía todo. –Te lo prometo…- Le entrego el
papel, que casi se cayó de sus manos por lo temblorosa que se encontraba ella misma.
Julian descansó de sus propios golpes, recibiendo el
papel que Janikka le daba, ¿Qué culpa tenia? Acaso… ¿Ella había tenido que ver
con sus errores del pasado? La vio voltearse de espaldas, y explotar en llanto
ahora que ya no la miraba.
-Deja de llorar.- Le ordeno. –No vas a solucionar nada
con eso.- Janikka detuvo las lágrimas, aunque por dentro… prefería morir. Son
mentiras, prefería al hombre de ayer. –Mientras más rápido salgamos de esto, más
rápido te iras de aquí.- Janikka le prestó atención, no había nada que desee más
que irse de ese lugar ahora mismo. –Y más rápido te olvidaras de mí.
Le dijo… sin saber… que pronto eso sería lo que más le
dolería.






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