viernes, 6 de junio de 2014

KIDNAPATTU Cap 2


CAPITULO 2

“Declaran desaparecida a Janikka Leppälä, hija del empresario Saku Petteri Leppälä, desde ayer por la noche después de no encontrarla en su residencia en Tampere. La policía aún está buscando testigos, pero las únicas personas que habían viajado con ella también están desaparecidas…”

El somnífero había hecho efecto en ella desde que habían partido de Tampere. No específicamente en un avión de primera clase, sino más bien en una agencia de la que ella jamás había oído hablar. Con amenazas, algunos gritos y llantos, Julian había logrado que Janikka no hablara en todo el viaje. Qué carácter tenía esa mujer. Discutía tanto con el cómo podía. Cada vez que tenía oportunidad, ¿Acaso no sentía ni un poco de miedo con él?, era diferente… muy diferente a cualquier otra.

Julian la tomo del brazo, después de 3 horas de viaje, era la primera vez que la tocaba. La sostuvo fuertemente, Janikka solo cedió. Él metió las llaves del departamento en la cerradura y procedió a abrirlo. Hizo entrar a Janikka.
 

-¿Te gusta?- Le pregunto a ella, refiriéndose al departamento.

-No.- Le respondió ella. Seca. Y con un hilo de voz. De inmediato se adentró al pequeño cuarto que Julian había conseguido para los dos.

-¿Pensabas que iba a comprarme una suite solo para tenerte a ti?- La vio entrar. Delicadamente poso sus ojos en las caderas de ella, sin que Janikka lo notara del todo. Relamió sus labios ahora al observar su delicioso trasero, y si… tal vez pensar un poco… todo lo que haría con el.

Cerró la puerta del departamento, solo él sabia como asegurarla por si Janikka quisiera escapar. Dos candados. Tres y después se hicieron cuatro. Una barra de seguridad. Y otra amenaza. –Creo que no tengo que volver a repetirte lo que te pasaría si intentas salir ¿No?

Janikka ni siquiera le respondió. Su cuerpo empezaba a debilitarse. Ahora más que nunca deseaba dormir. El maldito somnífero de Julian, que él había utilizado en su pañuelo, le había hecho efecto… o tal vez solo deseaba llorar un poco en algún lugar lejano, sin que él pudiera verla.

-Necesito dormir.- Le confeso ella. Julian la miro de reojo. No es que realmente le importara lo que ella necesitaba, su misión era solo tenerla y exprimir todo el dinero que pudiera conseguir de ella, pero de alguna u otra manera… quiso atenderla.

-No hay lugar.- Le dijo él. Por  primera vez se atrevía a mirarla a los ojos. Janikka también lo hizo. –Esto no es un hotel nena.

-No necesito una cama, solo necesito dormir.- Le dijo ella, ahora con la voz debilitada. ¿Qué demonios le pasaba? De pronto se sentía peor que nunca. Descompuesta. Lo último que le faltaba en ese momento era enfermarse.´

Julian escucho sus últimas palabras. Se adentró a la habitación que había en ese pequeño departamento y entrecerró la puerta para que Janikka no pudiera observar lo que hacia adentro. Saco un par de sabanas y una manta gruesa para luego tenderlas en el piso.

-Duerme aquí.- Le dijo él. Frio. Como siempre. Janikka lo escucho y fue hasta la habitación  en donde Julian estaba.

-Gracias.- Susurro ella, sorprendida. No se esperaba ese gesto de él. Levanto la mirada, que guapo era… de verdad… le gustaba mucho ver sus ojos. Aunque pareciera una tontería.

Él asintió.

-Janikka.- Murmuro él. Y a ella le dio un pequeño escalofrió al escuchar su nombre entre sus labios. Tanto que llego a erizarle la piel. –No causes problemas ¿Si? No quiero tenerlos contigo.- Le dijo antes de cerrar la puerta de la habitación. Con todo esto no había llegado a preguntarle su nombre, ¿Cómo es que se llamaba? Aun no lo sabía. Pero después de todo no había resultado tan mal… observo lo que había hecho por ella para que pudiera dormir y le dieron ganar de llamarlo… preguntarle su nombre… se rio de ella misma al escuchar sus propias fantasías. ¿Qué dirían sus amigas de algo como eso?, volvió a reírse.

Ahora se concentró en su ropa. No se la cambiaba desde ayer. Como odiaba aquello. Volteo a ver la puerta de la habitación, completamente cerrada… no perdería nada si se cambiaba ahí mismo. Así que se quitó la ropa que traía desde ayer y se adentró en el pequeñísimo baño que había dentro de la habitación, colocándola sobre el lavamanos.

Su bonito conjunto de encaje quedo al descubierto, era de seda y le remarcaban las deseables caderas y su trasero. Se quitó las zapatillas, deseosa por descansar al fin… salió del baño, después de haber lavado su ropa como pudo y dejándola secar y al cabo de eso… se acostó sobre las sabanas que había en el piso.
 

Pero que buena estaba… muy buena, buenísima. Con todo en su lugar. Y si empezaba por sus piernas, pararía en un lugar prohibido que su lengua moría por probar. ¿Qué pasaría si se la comiera ahora? Julian intento aguantarse las ganas. Miraba todo desde la puerta. ¿Es que acaso era un maldito plan para atraparlo como nunca en su vida? Relamió los labios, ahora mirándole los pechos, redondos y jugosos… deseo tanto probarlos ahora mismo, hasta hacerla gritar tan fuerte como podía, era su única petición.

Hacerlo con ella. Tanto. Duro. Durísimo. Meter su miembro entre esas piernas deliciosas. Hacerla gozar hasta escucharla pedir más y más. “Cierra la maldita puerta… -se dijo a sí mismo”- Dándose cuenta de la enorme erección que ahora adornaba sus pantalones con solo mirarla tendida sobre esas sabanas, con una bonita lencería… “Y cuanto amaría sacársela con los dientes ahora…” Dijo entre sus pensamientos “Entra y tómala” Le dijo su subconsciente muy dentro de él. Julian cerró y abrió los ojos muy rápidamente, necesitaba irse de ese lugar antes de que pudiera terminar irreconocible con ella.

Tomándola con todas las fuerzas de sus caderas. Cerró la puerta sigilosamente. Vaya, estaba embelesado y con la vista más nublada que nuca, necesitaba estar con alguien. Hacerlo duro con alguien, ahora mismo. Y no se aguantaría las ganas.

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Janikka se levantó. Tenía el cuerpo ligeramente cubierto por una fina capa de sudor. Sumándole todo el dolor que sentía en ella por haber dormido sobre esas sabanas que Julian había preparado para dormir. Se había hecho de noche en menos de lo que había imaginado. Fue hasta el baño donde, recordaba, había dejado su ropa secando después de haberla lavado como pudo. Se la puso y cuando pudo salir del pequeño baño… sus oídos escucharon lo que jamás… nunca le hubiera gustado percibir.

-¡Si!- Grito una voz femenina desde afuera. Janikka agudizo el oído. -¡Oh si! Sigue… sigue…- Gritando de nuevo. La piel de Janikka se erizo por completo, optando por un color diferente. Ruborizada, intento abrir la puerta de la habitación. -¡Mas! Oh… si, mas…- La vista se le nublo por completo al observar a Julian haciéndoselo a una mujer en el sofá.
 

Trago saliva. La oscuridad la ayudaba a ocultarse. Asco. Maldición. Esa mujer no dejaba de gemir cada vez que el entraba en ella con fuerza. Y Janikka podía verlo, observaba como se retorcía cuando Julian la embestía con ganas, bombeándola de placer, apretándola con las manos, gozando hasta el punto máximo ese inmenso deleite.

-¿Te gusta?- Le pregunto él. Aquella voz la estremeció por completo. Tanto que hasta procedió a morder su labio inferior, deseosa… si… deseosa por estar en el lugar de esa mujer.

-¡Si, Dios… sigue!- Le ordeno ella. Y Janikka en su lugar, también deseaba que siguiera tomándola, haciéndoselo, observando todo. Cuando de pronto, los sentidos volvieron a su lugar y en vez de seguir observando, se encerró en la habitación de nuevo, haciendo sonar la puerta con fuerza.

Los gemidos se detuvieron. Janikka sintió que moría, la habían descubierto. Trato de esconderse en el baño, pero él… ya estaba dentro de la habitación.

-Estas pálida.- Le dijo, al encender las luces. Traía los pantalones a la cadera, ligeramente sudado y despeinado.

-Si, si… debe ser…- Le respondió ella. No quiso mirarlo a los ojos por qué sintió que se ruborizaría de nuevo.

-Y como no vas a estarlo si has visto lo de afuera.- Julian soltó una risa pequeña.

-Ha sido intencional

-Sí, claro.

-No me gusta ver porquerías.- Le dijo molesta. –Al menos deberías tener un poco de respeto por mí.

-Lo tengo.

-Oh claro… y por eso traes a esa mujerzuela a este departamento mientras yo estoy aquí.- Se ruborizo de nuevo ¿Por qué le reclamaba al propio secuestrador?

-¿Te ha molestado hermosa?

-Te recuerdo que esto no es más que un maldito secuestro.- La miro. Ahora él también estaba enfadado, y al notar que ella igual, decidió seguirle el juego.    

–Además… si lo he hecho es porque te has dormido en ropa interior…

Janikka trago saliva. Ahora si sentía la sangre sobre su rostro.

-Es que solo a alguien como tú se le ocurre dormirse en ropa interior con alguien que ni siquiera conoce.- La miro a los ojos, comiéndosela con la mirada. Sus ojos fueron a parar entre sus pechos, de nuevo pensó en lo dulce que sabrían en su boca. Al igual que su intimidad. Delicioso. –Y no dudaría…- Susurro, y entre cerró la puerta un poco más, de la habitación.

Poco a poco fue aminorando la distancia que había hasta ella. –En pensar que estas mojada…- Janikka tembló por dentro al escuchar esas palabras. ¿Cómo lo sabía? ¿A caso… lo sentía? Relamió sus labios involuntariamente. –Mojada después de haberme visto haciéndoselo a alguien…- Janikka retrocedía a medida que él se acercaba, tanto que fue a parar hasta la pared, chocando con ella, sin escapatoria, pues él estaba del otro lado impidiéndole salir. -¿Me equivoco?- Suavemente posiciono sus manos sobre las caderas de Janikka.

Se había excitado en menos tiempo con ella, que con la mujer que había contratado para saciar sus deseos. Y es que su deseo era ella. Tomarla. Se apegó a Janikka, respirando su propio aliento, y rozando su erección en el vientre de ella, haciéndola sentir de alguna manera todo lo que provocaba en él. Se movió en círculos, la misma Janikka soltó un leve gemido. Ahora si estaba realmente mojada. Excitada en su punto máximo. –Dime que quieres sentirme dentro de ti.- Susurro él. –Dímelo… vamos…  

-No.- Le dijo ella. El sentido común había vuelto a ella a tiempo. Janikka lo alejo, a pesar de tener las manos de Julian firmes en sus brazos. Al menos tenía una cosa clara. –Jamás estaría con alguien como tú.

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-Suéltame.- Murmuro ella. Julian deslizo sus manos suavemente por los brazos de ella. Haciéndola estremecer. Conocía cada movimiento que ella apetecía de el. –Hay alguien que espera por ti.- Le indico, y su mirada apunto a la puerta.

-Maldición.- Julian se volteo. La mujer que había llevado lo esperaba en el borde de la puerta. Janikka no había logrado observarla bien con la obscuridad hace unos minutos, era muy guapa a decir verdad, alta y rubia. Julian camino hasta ella, si decirle una sola palabra a Janikka.

Estaba molesto, tanto que cerro la puerta de la habitación con fuerza, Janikka salto en su sitio ¿Y como no enfadarse después de haberlo dejado con las ganas? Le pago lo acordado a la mujer que había contratado para saciarlo, despidiéndola. Una francesa bonita que había sabido complacerlo, pero no lo suficiente, pues Janikka lo había seducido en menos tiempo.

“Inmadura”. Mil veces, pensó. “¿Se cree la gran cosa?” No se lo podía creer. No había mujer en el mundo, que lo hubiera rechazado de tal forma. En otros casos, si hubiera llegado a ese nivel con cualquier otra, esta hubiera aceptado. Pero ¿Janikka? “Maldición, maldición, maldición” ¿Aun conservaba la erección? Bajo su mirada. Si, aun la tenía. Mas grande ahora ¿Y como no? Si con tan solo rozarle la piel… su miembro había reaccionado como si hubiera despertado después de un año de abstinencia “¿Qué tienes Janikka Leppälä?” pensó. ¿Qué tienes que me gusta tanto? Y que de alguna manera, no se lo quería dar.

Abrió con rudeza la puerta de la habitación. Janikka se volteo sobresaltada. Menos mal y esta vez no la encontraba en ropa interior. Cerró la puerta haciendo ruido de nuevo.

-Es muy tarde…

-Se me ha quitado el sueño

-¿No confías en mi?

-¿Tengo que responderte?

-Si muñeca…

-Maldición… que no me gusta que me llames así…- Le respondió ella.

-Y a mi no me gusta tenerte de invitada en mi casa.- La reto el.

-Es tu problema.

-Vaya, vaya…- Dijo caminando a pasos lentos. Janikka sintió que la calentura volvería a ella. Que hombre. Cuanto la excitaba. –Hay alguien aquí que no tiene idea de lo que le puede pasar si sigue portándose mal.- Murmuro. Ahora muy cerca a su rostro, Janikka intento no mirarlo demasiado, concentrándose en otro punto que no era el. –Y de lo bien que la puede pasar…- Julian le acaricio el mentón con su labio inferior. Rozándolo como una tercia pluma. –Si se porta correctamente…

-¿Tantas ganas me tienes?

-Muchas…- Ahora la apretó de la cintura, haciéndola cortar la respiración por un fragmento de segundo. Juntaron sus cuerpos. Una sensación increíble.            

–Agradécelo… he contratado a una prostituta para no tomarte antes, me estoy aguantando mucho…- Le acaricio la cintura con sus manos, alzando ligeramente la fina tela que le cubría las caderas. Sus dedos hicieron contacto con la tibia piel de Janikka.

-Te lo he dicho… jamás estaría con alguien como tu…- Murmuro ella, a base de gemidos, pues Julian había posicionado sus labios sobre su cuello, recorriéndolo tan sensualmente como podía. Ella cerró los ojos. Julian levanto la mirada al escucharla hablar, sabia lo que sentía en ese momento debido al tono de su voz que manejaba. Estaba excitada. Lo único que le faltaba era un pequeño empujón… así que intento besarle los labios de una maldita vez. Comerle la lengua y hacerla gozar tanto como podía. Pero ella, volvió a separarse. –Jamás dejaría que alguien como tu me besara los labios…

Y esa fue la gota que derramo el vaso. Julian la agarro con fuerza, estampándola en la pared. Su mirada era otra, sus ojos… ahora llenos de lujuria, la miraron sin importarle lo que podría venir después. Le quito la ropa tan rápido como pudo. Ahora ella no tenia como defenderse, ni siquiera las palabras podrían calmar a esa fiera que había creado y que estaba a punto de comérsela. Desnuda, las ganas tampoco fueron efímeras. Observaba todo lo que hacia, de que manera la tocaba y como se excitaba más cuando veía todo lo que tenia ante sus ojos.

--Nadie va a besarte los labios, preciosa…- Le advirtió el. Ella sintió las manos de Julian apretarle el trasero tan fuertemente que logro juntarle el cuerpo hasta su poderosa erección. –Sera todo lo contrario.- Ahora dejo de ver su rostro. Tenia a Julian besándole el vientre mientras suavemente bajaba por sus caderas. Y ella, decidió aferrarse a la pared para poder contener esos enormes gritos que quería soltar.

Los dedos de Julian la tocaron desprevenida, metiéndolos en el espacio de entre su piel y su fina ropa interior. Los besos de aquel hombre la siguieron persiguiendo por todo el cuerpo, ahora sentía que la atacaba por abajo, justo ahí… donde ella no tardaría en gritar. Sus dientes mordieron ligeramente la ropa interior de Janikka por el costado. Bajándoselas. Ella se estremeció. ¿Qué se estaba dejando hacer?

-Ah…- Murmuro ella. Un primer gemido que la ayudaría a soltar los demás. De pronto recordó a la mujer, gritando… gritando por el, por lo bien que se debía sentirlo adentro, muy adentro de ella. Se mordió el labio. Sin darse cuenta, tenia las pantis a la rodilla.  
 

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-Eso es.- Le dijo él. Animándole a que dejara tocarse por el. Que lo dejara tocar a su máximo esplendor. –Te gustara preciosa.- Ahora se coloco de rodillas, la mejor posición que podía tener, tenia tanto por hacer en ese apetecible lugar. Se mojo los labios. La imagen era tan fuerte, que con solo verla aferrada a la pared y apunto de gritar, se estremecía mas y mas, con muchas mas ganas de hacérselo en ese mismo instante. Tenía los labios húmedos. Y podía percibir que la feminidad de Janikka también lo estaba.

La abrió de piernas, Janikka ya no ponía resistencia ¿Y como lo iba a hacer? Si le gustaba tanto lo que sentía… tanto… que pensó que moriría. Movió las caderas, entregándole más a Julian. –Grita todo lo que quieras muñeca, estamos en Paris… nadie sabe nuestro idioma…- La miro lujurioso. Mordiéndole uno de los muslos, para luego pasar su lengua por uno de ellos, de arriba hacia abajo. Que bien olía ahí abajo. Se acerco a su abertura, entre los dos labios genitales, le satisfacía tanto ver eso… sus labios besaron delicadamente la feminidad de Janikka.

-Mmm.- Susurro ella. Ahora poseída por el. Julian la beso de nuevo, ahora con más intensidad.

-Te gustara…- Dijo él. –Más… cuando pase mi lengua por ahí…- Janikka soltó un pequeño gemido ahogado. Julian había introducido su lengua en ella, en todo su esplendor, una oleada de placer se expandió por todo su cuerpo.

-¡Ahh! Oh…- Grito ella. Julian volvió a bombearla con la lengua. Tan intenso como podía. Deseando tanto que su miembro ocupara el lugar de su lengua.

-Te gusta hermosa, dímelo… dime que te gusta…

-Si Dios… me encanta…- Le respondió ella. La cabeza de Julian no dejaba de moverse, al compas de su lengua y acoplándose con los intensos gemidos de ella. Maldición. Se la comía una vez mas, eyacularía sin siquiera haber terminado. Cuanto poder tenía aquella mujer. Sus pantalones reventarían. Necesitaba hacerlo. Hacerlo con ella. Era más que un simple deseo. Era algo que su propio cuerpo le obligaba a hacer.

-Necesito estar en ti…- Le pidió. Subiendo entre besos hasta su rostro.

Se miraron. En un momento interminable. Los ojos azul/verdes de Julian atraparon a los verdes de Janikka. El deseo seguía ahí, pero en cambio, de pronto… hubo algo más fuerte. Algo que le invadió el cuerpo y la mente. Janikka sostuvo la mirada, lo único que reflejaba era miedo, temor, aunque también había disfrutado del momento, sabia que Julian la tenia en sus manos, y que podía hacer lo que quisiera con ella. No quería abusar de ella. No de nuevo…

Se le separo. Pequeños recuerdos invadieron su mente. Recuerdos que le dolían muchísimo. Prefería masturbarse por su propia cuenta. Se metió al baño de la habitación, mientras Janikka aprovechaba para arreglarse la ropa interior. De nuevo en su lugar. Mas avergonzada que nunca. Y en medio del silencio lo escucho gemir desde el baño. Seguramente imaginándosela.

Si no había terminado de comérsela… había sido por algo… había prometido jamás volver a abusar de una mujer.

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Y Paris amanecía nubloso ese día. Janikka se asomó por la puerta de la pequeña habitación… otra vez, él afuera, ahora encendido por los escasos rayos de sol de la inmensa ventana que se extendía ante él. ¿Había mencionado lo guapo que era? Y no lo había recordado… ni siquiera conocía su nombre. Los pequeños ojos de Janikka se pasearon por toda esa masa de músculos, desde la punta de los pies hasta el último cabello. Y pensar que anoche estuvieron a punto de…

-Ven aquí.- Le indico él. La había sentido desde hace varios minutos. Janikka abrió más la puerta para salir. –¿Me has oído? Ven.- Le dijo de nuevo.

-¿Qué?- Le pregunto ella.

-Necesito las claves de tus tarjetas.- Le indico. –Escríbelas en ese papel ahora m ismo, que no tengo tiempo para perderlo.

-¿Mis…

-¡Tus claves!.- Grito. Janikka observo el papel tendido sobre el sofá con un bolígrafo, se acercó a él antes de que Julian pudiera gritar más. –No tengo ni un solo minuto más, así que escribe las malditas claves de una vez.

Janikka movió la mano rápidamente. Apenas podía recordarlas por lo nerviosa que estaba y que Julian la ponía. Digito un par de números, para luego escribir un par más hasta completar el grupo.

-Tienes dos tarjetas de crédito a tu nombre y dos de débito.- Le dijo él, al observar que había escrito la clave de solo una. –Escribe las claves de todas tus malditas tarjetas.

-No recuerdo las de las dos últimas…

-¡No me mientas!.- Volvió a gritar. A Janikka le entraron ganas de llorar, sin embargo, no lo hizo. –Demonios.- Dijo él, muy enojado.
 

-Te lo juro… no las recuerdo…- Susurro ella ahora con las manos temblando.

De pronto las paredes resonaron Julian las golpeó de nuevo. Un par de veces más. Desquitándose por completo. Lo necesitaba. Necesitaba tener un descanso de su propio ser, de sus propios recuerdos, de Janikka, de lo que había pasado anoche. Golpeo las paredes tres veces más, los ladrillos explotarían en cualquier momento. Explotarían como él, que no tenía control… cada vez que recordaba la clase de porquería que había sido hace unos años. Y de lo que había sido capaz.

-Voy a recordarlas…- Dijo Janikka, entre lágrimas escondidas. Su rostro húmedo lo decía todo. –Te lo prometo…- Le entrego el papel, que casi se cayó de sus manos por lo temblorosa que se encontraba ella misma.

Julian descansó de sus propios golpes, recibiendo el papel que Janikka le daba, ¿Qué culpa tenia? Acaso… ¿Ella había tenido que ver con sus errores del pasado? La vio voltearse de espaldas, y explotar en llanto ahora que ya no la miraba.

-Deja de llorar.- Le ordeno. –No vas a solucionar nada con eso.- Janikka detuvo las lágrimas, aunque por dentro… prefería morir. Son mentiras, prefería al hombre de ayer. –Mientras más rápido salgamos de esto, más rápido te iras de aquí.- Janikka le prestó atención, no había nada que desee más que irse de ese lugar ahora mismo. –Y más rápido te olvidaras de mí.

Le dijo… sin saber… que pronto eso sería lo que más le dolería.

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