CAPITULO 8
Julian corrió hasta el edificio. Se le
había hecho tarde. Janikka seguro ya estaría despierta, con ganas de desayunar,
con ganas de verlo… “¿De verme’” Se rio solo en medio de la calle. “¿Me habrá extrañado’”
Seguramente sí. “Ya mismo llego bonita…” Susurro en su mente. “Para decírtelo
todo”.
Quiso doblar la esquina para llegar a su
viejo edificio, entonces fue cuando observo que toda la cuadra estaba llena de
automóviles blindados. Gente en el piso de su departamento siendo interrogada.
Algo que él reconocería en todas partes.
Maldición, pensó. Se desvió en el camino.
Lo habían encontrado. Habían encontrado su paradero…el suyo y el de Janikka.
“Janikka”… pensó. Demonios. “Estas ahí
adentro…”
Y supo que solo tenía dos opciones. Seguir
y desaparecer con el dinero de su secuestrada, o quedarse y no permitir que
nadie le quitara a Janikka. Su Janikka. De él. Porque así lo sentía.
“Vamos Julian, piensa… piensa en algo para
sacarla de ahí… no la dejes… tu… tú la amas…”
Janikka entro en el auto de la policía. El
corazón se le partiría en cualquier momento. Sentía que apenas podía respirar
bien. Todo le dolía. Incluso le costaba pestañear sin derramar algunas lágrimas.
Todo esto le dolía en el fondo de su alma. El hecho de irse. Abandonar ese
departamento en el que ella y Julian… habían hecho el amor, en el que había
sentido más que un simple afecto de parte de él. ¿Había sido verdad? O…
¿Simplemente… se lo había imaginado?
-Vas a estar mejor con nosotros.- Le dijo
uno de los policías. Acomodo el retrovisor, mientras Janikka se acomodaba en la
parte trasera. El policía encendió el auto.
-Llévala al aeropuerto y vigílala hasta que
el avión haya despegado ¿Entendido? Nos quedaremos aquí hasta encontrar pista
de ese idiota.
-Entendido.
A Janikka se le encogió el corazón. “Julian”…
oh, no. Deseaba al menos despedirse de él. El auto arranco. Janikka movió la
cabeza con una pequeña esperanza en el corazón de encontrarlo en alguna parte,
mirándola desde algún lugar, o quizá tan solo verle un segundo por última vez.
Pero el auto avanzo, ella con él ahí adentro, y no lo veía… y no lo vería nunca
más.
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Sammy tomo el celular. Marco el número de
Julian, este contesto.
-Ella está en el auto.- Le dijo Sammy. A
Julian se le acelero el pulso. –Me vas a tener que pagar algo muy grande cuando
acabe todo esto.
-Si todo sale bien, te prometo que así
será.
Sammy colgó. Doblo la esquina y siguió el
auto de la policía, aquel que llevaba a Janikka ahí adentro. Lo siguió
sigilosamente, esperando el momento exacto. Fue entonces cuando en un momento
de la carretera, solo se encontraban los dos autos. El suyo y el de ese maldito
policía. Sammy sonrió. “Te tengo” Choco la parte trasera del auto del policía.
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El cuerpo de Janikka se balanceo. De inmediato
se volteo a ver hacia atrás.
-¡Demonios!.- Grito el policía, observando
por el retrovisor. Detuvo el auto y bajo de él. -¿Pero qué demonios le
sucede?.- Grito alterado. Janikka solo miraba desde adentro.
Sammy también bajo del auto, y al oficial
solo le faltó pestañear para observar el arma que traía en las manos.
-Saque a la chica del auto.
-Que… pero…- Tartamudeo.
-¡Que la saque si no quiere que lo mate!-
Grito Sammy
Y entonces Janikka lo reconoció. Sí, claro
que si… lo había visto antes. El amigo de… ¡Julian!... bajo del auto de
inmediato. Con una esperanza. Quería verlo por última vez… quería sentir sus
labios sobre los suyos al menos por un instante. Sammy volvió a tomar su
celular con la otra mano, sin dejar de apuntar al policía, marco un número y se
lo entrego a Janikka.
-Él tiene algo que decirte.
0o0o0o0
Janikka tomo el celular, colocándose
instintivamente detrás de Sammy.
-Sube al auto.- Le volvió a indicar él.
Janikka obedeció. Una vez adentro… por fin pudo hablar con aquella persona que
esperaba su voz en el teléfono.
-¿Janikka?- Ella se estremeció. Las ganas
de llorar volvieron. Pero se resistió. -¿Eres tú?
-¿Dónde estás?- Le pregunto ella. Con un
hilo de voz.
-Perdóname…
-¿Por qué?
-Por esto.- Julian respiro hondo. Era su última
oportunidad con ella. La ultima. Esta vez no habría otro día, ni otro momento.
Era ahora, o la perdería para siempre.
–Por hacerte pasar por estas cosas…
-Ya no importa…- Le respondió ella
-Sí importa. Me importa a mí.
-No me mientas… Maldición ya lo sé todo…
-No… dime que aun confías en mi…- Murmuro
él. Cuanto deseaba tenerla junto a él en ese momento. Poder abrazarla. Amarla,
tanto como podía. –Yo… yo no quiero decepcionarte a ti también
Janikka guardo silencio. Una lagrima broto
de sus ojos.
-Janikka…- Murmuro él. –He fallado en todo…
ya lo sé, sé que soy un gran imbécil, que nunca hago las cosas bien, y que he
cometido millones de errores en toda mi vida… pero no quiero equivocarme de
nuevo.- Se quedó en silencio por unos segundos. Prosiguió. – Solo espero que tu
vuelvas, y te quedes conmigo, sé que tú ahora me odias… pero por favor regresa
y quédate conmigo en estos días tormentosos que solo tú puedes aliviar…- Tenía
a Janikka en la otra línea. Escuchaba su respiración, y no dudo en pensar que
lloraba. –No quiero dejarte ir… mi amor…
Janikka abrió un poco más los ojos. Apretó
el celular con las manos. “Mi amor…”
-Te amo Janikka… te amo como nunca he amado
a nadie en el mundo.- Él respiro. Ella no podía evitar sonreír. –Y si no me
crees pregúntaselo al idiota de Sammy, jamás he hecho esto por nadie…
-Quiero que me lo digas en persona.- Le
dijo ella. Julian sonrió.
-Ven aquí conmigo entonces…
-¿Dónde estás?
-En el aeropuerto y… tengo dos boletos…-
Janikka sonrió de nuevo. Sammy subió al auto, después de una bonita
conversación con el policía. -¿Quieres venir conmigo?
FIN


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