lunes, 16 de junio de 2014

KIDNAPATTU Cap 7


CAPITULO 7

Él reacciono ante sus palabras. No podía creer lo que acababa de escuchar… la misma Janikka pidiéndole que la llevara a donde él fuera a parar.

-¿Qué?.- Pregunto.

-Quiero ir contigo…- Volvió a repetirle ella. También se le acerco. El pulso de Julian empezó a acelerarse, dándose cuenta de que solo se ponía de esa forma cada vez que Janikka solía acercársele. –Es lo único que pido.

-¿Te has puesto a pensar en lo que sería eso Janikka?.- Le pregunto él. Ella solo bajo la cabeza. –Maldición, yo no tengo las comodidades que tú tienes, a esas que estas acostumbrada a vivir.- Ahora volvió a subir su mirada. –No tienes idea de las cosas que tengo que pasar, cosas que no estarías dispuesta a vivir…

-Tú qué sabes…

-Lo sé porque hasta yo mismo me arrepiento de ser quien soy.- La miro a los ojos. Se dio cuenta de que no pararía hasta convencerlo, por lo que él tendría que actuar primero. –Si te dijera… al menos una cosa de las que he hecho.

-Dímelas, no te juzgaría.

-Eso lo dices ahora…- Julian intento ponerse de pie, pero las manos de ella lo obligaron a sentarse de nuevo.

-Si te he pedido que me lleves contigo es porque se a lo que me estoy enfrentando

-No, no lo sabes.

-Entonces déjame probar…- Le acaricio los brazos, desnudos por no traer ninguna camiseta puesta. Sus músculos se tensaron al sentir las tibias manos de Janikka acariciarle la piel. Al verlo sentado, decidió sentarse sobre sus piernas. Julian la miro. Que hermosa era. Le acaricio la cintura al tenerla frente a él. Las piernas de ella se acomodaron a sus costados.

-Tú… tú no sabes lo que sería… vivir con alguien como yo.

-He vivido contigo todo este tiempo.

-Sería diferente…

-¿Por qué?

-He hecho muchas cosas malas Janikka. Siempre he sido así. Jamás me perdonaría hacerte algo malo. No… no podría vivir con alguien como tu…

-¿Tan inocente?.- Ella se inclinó para besarle la boca, Julian le correspondió el beso. Un beso pequeño. Sencillo. Ahora él le apretó la cintura con sus brazos.

-Tan pura…- Admitió. –Tienes tantos planes… tantas metas y yo…

-Déjame ir contigo un tiempo…- Le pidió ella una vez más. Acariciando su cuello, sus ojos penetraron los de Julian.

-¿Por qué?

-¿Por qué… que?

-¿Por qué quieres venir conmigo?.- Pregunto él. Deseoso. Deseoso de escuchar las palabras que ella le diría después. Necesitaba escucharla hablar de sus sentimientos. Que le dijera todo lo que sentía por él.

-Contigo soy diferente…- Le contesto ella. –Y quiero sentirme así por mucho tiempo  más…

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Julian le apretó las caderas, ahora apoderándose de todo su cuerpo. La cargo suavemente, sin esfuerzo alguno, para acostarla sobre el sofá. La desnudo. Amaba tanto hacerla suya. Hacerlo con ella. Quitarle la ropa con tanto deseo. Quitársela toda hasta verla desnuda como hace unas horas. Era preciosa. Y no podía dejar de admitir las enormes ganas que aun tenia por llega hasta el orgasmo. Janikka se encargó de bajarle los pantalones con los pies, rozando en incontables ocasiones el miembro de Julian. Erecto. Listo para ella. Para hacerla disfrutar. Se acostó sobre ella.

-¿Lo sientes?- Pregunto él. Su miembro crecía cada vez más, apunto de explotar. Ver a Janikka desnuda era mejor que cualquier otra cosa. Lo ponía erecto. Extasiado. Con ganas de más. Empezó a frotar su miembro sobre su feminidad, aun sin contacto interior. Ella solo se relamió los labios.

-Sí, si…- Respondió ella. –Mas…- Pidió. Los ojos de Julian se llenaron de placer, lujuria pura. Se vendría ahí mismo si no se metía de una buena vez dentro de Janikka.

-¿Mas?.- Pregunto él provocándola.

-¡Si, mas!- Respondió Janikka. A gritos. Él sonrió.

“Te daré más”

Y eso fue lo siguiente que hizo. La embistió con fuerza. Con todas sus malditas fuerzas, haciendo que ella gritara del impacto.

-¡Oh…! Si… si…- Gimió. Él volvió a salir. Le estaba gustando. Mucho. Muchísimo. Perfecto. Eso nunca fallaba. Volvió a embestirla con fuerza.

Janikka se agarró de su espalda. El miembro de Julian estaba completamente dentro de ella. Que hasta a él le parecía difícil respirar. La escucho gemir un par de veces más. “Eso es muñeca, te gusta…te gusta, lo se…” El movimiento se hizo cada vez más rápido. Oh sí. Le gustaba. La agarro de las piernas y se concentró en su siguiente misión.

-Vamos a llegar esta vez… te lo prometo…-Susurro, ella solo asintió, aun aturdida. Sintió como él le apretaba el trasero metiéndose una vez más en su apretado sexo.

-¡Julian!.- Grito ahora. Él se excito aún más al escucharla gritar su nombre. “Llega nena… vamos, córrete… Córrete para mí”. Quería verla llegar al orgasmo, gritando hasta que la voz se le pusiera ronca. Hasta que no sintiera las caderas.

-Eso es… vamos… córrete muñeca…- Penetro su cuerpo, entraba y salía con tanta facilidad. Pronto él sería el que se corriera. ¿Y Janikka? Maldición, lo necesitaba. La presiono más contra él. Mmh… si, oía a lo lejos lo mojado que estaba haya adentro, su delicioso sexo estaba a punto de correrse. De dárselo todo por fin. Una vez más. La embistió. Ella volvió a gritar. Esta vez agitando las caderas para que él la penetrara más y más. Todo con un buen ritmo. Mientras él la embestía, Janikka levantaba las caderas.

“Córrete”

El fino líquido de Janikka cubrió su miembro. Todo. Se sintió liberada. Respiro con tranquilidad, mientras el bajaba la rapidez de sus penetraciones.

-Oh… Dios…- Susurro ella.  A penas con un hilo de voz.

Y él… él solo se dedicó a abrazarla. La apretó fuerte. Había llegado al orgasmo con ella por fin. Involuntariamente le aparto el cabello de la frente y se la beso. Janikka soltó un suspiro. Exhausta. Aquello se había sentido diferente. No sabía por qué, pero no había sido un simple acoston más. No había sido sexo casual. Se había sentido diferente. Se había sentido como si en esa historia solo importaran los dos. Solos. Y sin ninguna preocupación.

Habían sentido y escuchado cada gemido de ella, cada palabra, cada respiración, cada caricia… aquella noche había sentido algo más. Nunca había llegado al orgasmo con ninguna mujer de esa forma. Nunca lo había entregado todo como en esa noche. Nunca le había entregado todo a una mujer. A nadie. Y es que nunca había sentido esa necesidad de tener a alguien consigo todo el tiempo, porque nunca había sentido que necesitaba de una persona.

Porque con el simple hecho de que Janikka le dijera que quería irse con él, que con él se había sentido diferente… le había hecho reaccionar. Le habían dado unas inmensas ganas de decirle que él también quería que se fueran juntos. Pasará lo que pasara. Porque nunca permitiría que ningún imbécil la tocara. Por qué Janikka era su chica. Por qué Janikka era su secuestrada. Suya. Y por qué esa noche, había hecho el amor con ella. Y eso solo significaba una cosa.

Una cosa que tenía que decírsela cuanto antes.

Janikka miraba por la enorme ventana que se extendía en el departamento de Julian. Estaba sola. Al parecer él se había ido hace bastante tiempo… ¿A dónde iba cada mañana? Ya se lo preguntaría. Esa mañana había despertado de otra forma. Más feliz. Sin ganas de pelear. Era otra. Definitivamente…

Con solo ponerse a recordar… como había sido la noche… con solo ponerse a pensar, como es que Julian la había tratado. Le erizaba la piel por completo. Había sido diferente a la primera vez que tuvieron sexo. Lo había sentido más dulce. Como si no viniera de él, o como si viniera de un Julian que solo ella podía llegar a conocer. ¿Era posible? O solo… ¿Se lo estaba imaginando? Demonios… todo esto la hacía estremecer, erizársele la piel, tan solo pensar que Julian podría… sentir algo más…

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Alguien toco la puerta del departamento con fuerza.

-¡Abre la puerta!.- Gritaron desde afuera. A Janikka se le enfrió la sangre. -¡Es la policía de Finlandia, que abran la puerta!.- Volvieron a gritar. Los ojos de Janikka se abrieron, atónita, trago saliva…

¿Quién iba a decirlo? Hace unos días moría por irse de ahí, porque la encontraran, por no volverlo a ver nunca más. Y ahora, deseaba todo lo contrario.

El policía empezó a golpear la puerta. Dos. Tres. Cuatro veces. La madera dura de esta empezó a quebrarse por en medio. De pronto ella ya no estaba sola en aquel departamento, si no que diez hombres, con armas en los hombros, le apuntaban el rostro.

-Janikka…- Susurro uno de los policías. Al parecer, quien llevaba a cabo el caso de su búsqueda. –No te muevas…

-No hay nadie aquí…- Murmuro ella. Y agradeció muchísimo que Julian no estuviera en ese momento.

-¿Dónde está Drain?- Pregunto el oficial. Los otros oficiales bajaron la guardia al notar que él no estaba con ella.

-No se… yo… no sé nada de él…- Insistió Janikka. Y no les diría más. Pues no delataría a Julian. Jamás. No después de lo que había pasado. De tantas cosas que por pequeñas que hayan sido, a ella le parecían especiales.

-¿No vas a decirnos?.- Volvió a preguntarle el oficial. –Linda… nosotros somos los buenos… te venimos a ayudar, no sabes lo preocupada que esta toda tu familia por ti… ¿Lo has pensado?

-Yo no sé nada de Julian.- Janikka lo miro a los ojos. El oficial empezaba a enojarse. Hizo unas cuantas señales a los demás oficiales,  estos se colocaron estratégicamente en la ventana y otros en la puerta.

-¿Lo defenderás Janikka? Defenderás a ese imbécil que te secuestro hace más de una semana…Y que planea matarte?

Janikka guardo silencio. “No Janikka, tu confías en él… tu confías en Julian”.

-Vaya, vaya… veo que ese tipejo ha sido inteligente esta vez.- Le dijo el oficial.     –Tanto que hasta has llegado a creerle…

Una pequeña oleada de tensión se pasó por su cuerpo. Ese maldito oficial parecía conocer a Julian de una manera increíble.

-Bien. No me dirás dónde encontrarlo.

-No lo sé…

-Sí, claro… claro.- La miro mal. De acuerdo. No colaboraría. Pero al menos se enteraría de quien era Julian Drain realmente. De quien era el hombre de quien se había enamorado. –Vamos a hablar… y después de esto… me dirás si sigues confiando tanto en él.

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Los ojos los tenía humedecidos. Su corazón estaba decepcionado. Necesitaba gritar. Se sentía como una estúpida en todo eso. Una más del montón. Otra secuestrada que Julian había enamorado. Que había hecho perder la cabeza y que finalmente había terminado muerta en algún rincón del mundo. Olvidada. ¿Era eso lo que de verdad significaba para él? ¿Una más? ¡No! ¡No! Oh demonios… se pondría a llorar.

El oficial le enseño otra foto. Una foto más. Otra secuestrada. Otra historia. Otra aventura.

-Basta- Le indico ella. A punto de romper a llorar. Tenía un nudo muy grande en la garganta. –Lo he entendido ¿De acuerdo? No me interesa a quien más haya matado Julian… me da igual… les juro que no sé dónde podría estar en este momento.

-Y nosotros confiamos en ti.- El oficial intento acercársele. –Lo vamos a atrapar de igual manera.

“Te odio…” Janikka recordó esas palabras en su mente. Cuanto le hubiera gustado sentir eso en ese mismo instante. Odiarlo… odiarlo muchísimo… para así olvidarlo más rápido. ¿Cómo había sido tan estúpida como para enamorarse de él? Si, enamorarse. Por qué ahora era donde lo notaba. Estaba totalmente enamorada de Julian

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