CAPITULO 7
Él reacciono ante sus palabras. No podía
creer lo que acababa de escuchar… la misma Janikka pidiéndole que la llevara a
donde él fuera a parar.
-¿Qué?.- Pregunto.
-Quiero ir contigo…- Volvió a repetirle
ella. También se le acerco. El pulso de Julian empezó a acelerarse, dándose
cuenta de que solo se ponía de esa forma cada vez que Janikka solía
acercársele. –Es lo único que pido.
-¿Te has puesto a pensar en lo que sería
eso Janikka?.- Le pregunto él. Ella solo bajo la cabeza. –Maldición, yo no
tengo las comodidades que tú tienes, a esas que estas acostumbrada a vivir.-
Ahora volvió a subir su mirada. –No tienes idea de las cosas que tengo que
pasar, cosas que no estarías dispuesta a vivir…
-Tú qué sabes…
-Lo sé porque hasta yo mismo me arrepiento
de ser quien soy.- La miro a los ojos. Se dio cuenta de que no pararía hasta
convencerlo, por lo que él tendría que actuar primero. –Si te dijera… al menos
una cosa de las que he hecho.
-Dímelas, no te juzgaría.
-Eso lo dices ahora…- Julian intento
ponerse de pie, pero las manos de ella lo obligaron a sentarse de nuevo.
-Si te he pedido que me lleves contigo es porque
se a lo que me estoy enfrentando
-No, no lo sabes.
-Entonces déjame probar…- Le acaricio los
brazos, desnudos por no traer ninguna camiseta puesta. Sus músculos se tensaron
al sentir las tibias manos de Janikka acariciarle la piel. Al verlo sentado, decidió
sentarse sobre sus piernas. Julian la miro. Que hermosa era. Le acaricio la cintura
al tenerla frente a él. Las piernas de ella se acomodaron a sus costados.
-Tú… tú no sabes lo que sería… vivir con
alguien como yo.
-He vivido contigo todo este tiempo.
-Sería diferente…
-¿Por qué?
-He hecho muchas cosas malas Janikka.
Siempre he sido así. Jamás me perdonaría hacerte algo malo. No… no podría vivir
con alguien como tu…
-¿Tan inocente?.- Ella se inclinó para
besarle la boca, Julian le correspondió el beso. Un beso pequeño. Sencillo. Ahora
él le apretó la cintura con sus brazos.
-Tan pura…- Admitió. –Tienes tantos planes…
tantas metas y yo…
-Déjame ir contigo un tiempo…- Le pidió
ella una vez más. Acariciando su cuello, sus ojos penetraron los de Julian.
-¿Por qué?
-¿Por qué… que?
-¿Por qué quieres venir conmigo?.- Pregunto
él. Deseoso. Deseoso de escuchar las palabras que ella le diría después.
Necesitaba escucharla hablar de sus sentimientos. Que le dijera todo lo que
sentía por él.
-Contigo soy diferente…- Le contesto ella.
–Y quiero sentirme así por mucho tiempo más…
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Julian le apretó las caderas, ahora
apoderándose de todo su cuerpo. La cargo suavemente, sin esfuerzo alguno, para
acostarla sobre el sofá. La desnudo. Amaba tanto hacerla suya. Hacerlo con
ella. Quitarle la ropa con tanto deseo. Quitársela toda hasta verla desnuda
como hace unas horas. Era preciosa. Y no podía dejar de admitir las enormes
ganas que aun tenia por llega hasta el orgasmo. Janikka se encargó de bajarle
los pantalones con los pies, rozando en incontables ocasiones el miembro de
Julian. Erecto. Listo para ella. Para hacerla disfrutar. Se acostó sobre ella.
-¿Lo sientes?- Pregunto él. Su miembro crecía
cada vez más, apunto de explotar. Ver a Janikka desnuda era mejor que cualquier
otra cosa. Lo ponía erecto. Extasiado. Con ganas de más. Empezó a frotar su
miembro sobre su feminidad, aun sin contacto interior. Ella solo se relamió los
labios.
-Sí, si…- Respondió ella. –Mas…- Pidió. Los
ojos de Julian se llenaron de placer, lujuria pura. Se vendría ahí mismo si no
se metía de una buena vez dentro de Janikka.
-¿Mas?.- Pregunto él provocándola.
-¡Si, mas!- Respondió Janikka. A gritos. Él
sonrió.
“Te daré más”
Y eso fue lo siguiente que hizo. La
embistió con fuerza. Con todas sus malditas fuerzas, haciendo que ella gritara
del impacto.
-¡Oh…! Si… si…- Gimió. Él volvió a salir.
Le estaba gustando. Mucho. Muchísimo. Perfecto. Eso nunca fallaba. Volvió a
embestirla con fuerza.
Janikka se agarró de su espalda. El miembro
de Julian estaba completamente dentro de ella. Que hasta a él le parecía
difícil respirar. La escucho gemir un par de veces más. “Eso es muñeca, te
gusta…te gusta, lo se…” El movimiento se hizo cada vez más rápido. Oh sí. Le
gustaba. La agarro de las piernas y se concentró en su siguiente misión.
-Vamos a llegar esta vez… te lo
prometo…-Susurro, ella solo asintió, aun aturdida. Sintió como él le apretaba
el trasero metiéndose una vez más en su apretado sexo.
-¡Julian!.- Grito ahora. Él se excito aún más
al escucharla gritar su nombre. “Llega nena… vamos, córrete… Córrete para mí”.
Quería verla llegar al orgasmo, gritando hasta que la voz se le pusiera ronca.
Hasta que no sintiera las caderas.
-Eso es… vamos… córrete muñeca…- Penetro su
cuerpo, entraba y salía con tanta facilidad. Pronto él sería el que se
corriera. ¿Y Janikka? Maldición, lo necesitaba. La presiono más contra él. Mmh…
si, oía a lo lejos lo mojado que estaba haya adentro, su delicioso sexo estaba
a punto de correrse. De dárselo todo por fin. Una vez más. La embistió. Ella
volvió a gritar. Esta vez agitando las caderas para que él la penetrara más y más.
Todo con un buen ritmo. Mientras él la embestía, Janikka levantaba las caderas.
“Córrete”
El fino líquido de Janikka cubrió su miembro.
Todo. Se sintió liberada. Respiro con tranquilidad, mientras el bajaba la
rapidez de sus penetraciones.
-Oh… Dios…- Susurro ella. A penas con un hilo de voz.
Y él… él solo se dedicó a abrazarla. La
apretó fuerte. Había llegado al orgasmo con ella por fin. Involuntariamente le
aparto el cabello de la frente y se la beso. Janikka soltó un suspiro. Exhausta.
Aquello se había sentido diferente. No sabía por qué, pero no había sido un simple
acoston más. No había sido sexo casual. Se había sentido diferente. Se había
sentido como si en esa historia solo importaran los dos. Solos. Y sin ninguna
preocupación.
Habían sentido y escuchado cada gemido de
ella, cada palabra, cada respiración, cada caricia… aquella noche había sentido
algo más. Nunca había llegado al orgasmo con ninguna mujer de esa forma. Nunca
lo había entregado todo como en esa noche. Nunca le había entregado todo a una
mujer. A nadie. Y es que nunca había sentido esa necesidad de tener a alguien
consigo todo el tiempo, porque nunca había sentido que necesitaba de una
persona.
Porque con el simple hecho de que Janikka
le dijera que quería irse con él, que con él se había sentido diferente… le
había hecho reaccionar. Le habían dado unas inmensas ganas de decirle que él
también quería que se fueran juntos. Pasará lo que pasara. Porque nunca
permitiría que ningún imbécil la tocara. Por qué Janikka era su chica. Por qué
Janikka era su secuestrada. Suya. Y por qué esa noche, había hecho el amor con
ella. Y eso solo significaba una cosa.
Una cosa que tenía que decírsela cuanto
antes.
Janikka miraba por la enorme ventana que se
extendía en el departamento de Julian. Estaba sola. Al parecer él se había ido
hace bastante tiempo… ¿A dónde iba cada mañana? Ya se lo preguntaría. Esa
mañana había despertado de otra forma. Más feliz. Sin ganas de pelear. Era
otra. Definitivamente…
Con solo ponerse a recordar… como había
sido la noche… con solo ponerse a pensar, como es que Julian la había tratado.
Le erizaba la piel por completo. Había sido diferente a la primera vez que
tuvieron sexo. Lo había sentido más dulce. Como si no viniera de él, o como si
viniera de un Julian que solo ella podía llegar a conocer. ¿Era posible? O
solo… ¿Se lo estaba imaginando? Demonios… todo esto la hacía estremecer,
erizársele la piel, tan solo pensar que Julian podría… sentir algo más…
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Alguien toco la puerta del departamento con
fuerza.
-¡Abre la puerta!.- Gritaron desde afuera.
A Janikka se le enfrió la sangre. -¡Es la policía de Finlandia, que abran la
puerta!.- Volvieron a gritar. Los ojos de Janikka se abrieron, atónita, trago
saliva…
¿Quién iba a decirlo? Hace unos días moría
por irse de ahí, porque la encontraran, por no volverlo a ver nunca más. Y
ahora, deseaba todo lo contrario.
El policía empezó a golpear la puerta. Dos.
Tres. Cuatro veces. La madera dura de esta empezó a quebrarse por en medio. De pronto
ella ya no estaba sola en aquel departamento, si no que diez hombres, con armas
en los hombros, le apuntaban el rostro.
-Janikka…- Susurro uno de los policías. Al
parecer, quien llevaba a cabo el caso de su búsqueda. –No te muevas…
-No hay nadie aquí…- Murmuro ella. Y
agradeció muchísimo que Julian no estuviera en ese momento.
-¿Dónde está Drain?- Pregunto el oficial.
Los otros oficiales bajaron la guardia al notar que él no estaba con ella.
-No se… yo… no sé nada de él…- Insistió
Janikka. Y no les diría más. Pues no delataría a Julian. Jamás. No después de
lo que había pasado. De tantas cosas que por pequeñas que hayan sido, a ella le
parecían especiales.
-¿No vas a decirnos?.- Volvió a preguntarle
el oficial. –Linda… nosotros somos los buenos… te venimos a ayudar, no sabes lo
preocupada que esta toda tu familia por ti… ¿Lo has pensado?
-Yo no sé nada de Julian.- Janikka lo miro
a los ojos. El oficial empezaba a enojarse. Hizo unas cuantas señales a los
demás oficiales, estos se colocaron
estratégicamente en la ventana y otros en la puerta.
-¿Lo defenderás Janikka? Defenderás a ese
imbécil que te secuestro hace más de una semana…Y que planea matarte?
Janikka guardo silencio. “No Janikka, tu confías
en él… tu confías en Julian”.
-Vaya, vaya… veo que ese tipejo ha sido
inteligente esta vez.- Le dijo el oficial.
–Tanto que hasta has llegado a creerle…
Una pequeña oleada de tensión se pasó por
su cuerpo. Ese maldito oficial parecía conocer a Julian de una manera
increíble.
-Bien. No me dirás dónde encontrarlo.
-No lo sé…
-Sí, claro… claro.- La miro mal. De
acuerdo. No colaboraría. Pero al menos se enteraría de quien era Julian Drain
realmente. De quien era el hombre de quien se había enamorado. –Vamos a hablar…
y después de esto… me dirás si sigues confiando tanto en él.
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Los ojos los tenía humedecidos. Su corazón
estaba decepcionado. Necesitaba gritar. Se sentía como una estúpida en todo
eso. Una más del montón. Otra secuestrada que Julian había enamorado. Que había
hecho perder la cabeza y que finalmente había terminado muerta en algún rincón
del mundo. Olvidada. ¿Era eso lo que de verdad significaba para él? ¿Una más?
¡No! ¡No! Oh demonios… se pondría a llorar.
El oficial le enseño otra foto. Una foto más.
Otra secuestrada. Otra historia. Otra aventura.
-Basta- Le indico ella. A punto de romper a
llorar. Tenía un nudo muy grande en la garganta. –Lo he entendido ¿De acuerdo?
No me interesa a quien más haya matado Julian… me da igual… les juro que no sé dónde
podría estar en este momento.
-Y nosotros confiamos en ti.- El oficial
intento acercársele. –Lo vamos a atrapar de igual manera.
“Te odio…” Janikka recordó esas palabras en
su mente. Cuanto le hubiera gustado sentir eso en ese mismo instante. Odiarlo…
odiarlo muchísimo… para así olvidarlo más rápido. ¿Cómo había sido tan estúpida
como para enamorarse de él? Si, enamorarse. Por qué ahora era donde lo notaba.
Estaba totalmente enamorada de Julian
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