CAPITULO 3
La había dejado encerrada, a base de candados y barras de
seguridad que solo un experto de la CIA podría descifrar y claro… él. Después
de retirar el dinero de Janikka lo había colocado en un botín que guardaría
bajo siete llaves en alguna parte del pequeño departamento. Sin embargo, había
dejado el dinero suficiente para la comida que necesitaba, sin mencionar alguna
ropa de segunda que le compraría a Janikka, adivinando, pues no se sabía su
talla.
Y después de algunas horas… había vuelto a casa.
-Maldición.- Se dijo a sí mismo al abrir la cerradura. Cerró
la puerta y observo a Janikka con una sonrisa radiante sobre el sofá, con una
lata de cerveza en la mano.
Julian negó con la cabeza, tiro el botín sobre la pequeña
mesa y con la otra mano tendió la pizza que había traído.
-Te dejo apenas una hora y haces esto.- La reprendió. –Te
he traído ropa y comida.- Dejo la bolsa
de ropa sobre el sofá. –No puede ser… eres peor que una niña pequeña, te has
tomado mi colección de Heineken… y ni siquiera…- Cuando se detuvo, se percató
de que hablaba solo.
La vio tendida, tenía los ojos levemente cerrados en un descanso
profundo. Bonita. Muy bonita. Quizá había sido por algo qua había terminado
eligiéndola a ella de entre esas seis mujeres. Quizá alguien intentaba decirle
algo. Pero no quería ponerse a pensar en eso, al contrario, después lo notaria.
La cargo entre sus brazos, intentando no despertarla. Los borrachos eran más
pesados que una piedra, pero aun así tuvo cuidado.
Sus manos se aferraron a las piernas de ella, teniéndola
con firmeza. Camino hasta la habitación, abriéndola con una mano, sus músculos
se tensaron cuando tuvo que acostarla sobre las sabanas en el suelo. “Toda mi
colección de Heineken”… pensó. Y una leve sonrisa se expandió entre sus labios.
-Lo lamento…- Le dijo ella. Abriendo los ojos,
abriéndolos suavemente. Julian se tensó.
-¿Por qué?
-Por tomarme tu colección.
-Da lo mismo
-Pero dijiste que te molestaba
-Ahora te digo que me da lo mismo.- Intento irse, apunto
de ponerse en pie, sintió las tibias manos de Janikka tomarlo del brazo.
-No te vayas…- Le pidió en susurros. Julian la miro a los
ojos, era inevitable no hacerlo cuando lo necesitaba… se sentía tan bien cuando
la miraba tan intensamente. –Vamos… quédate…- Murmuro ahora, acariciándole los
bíceps, Julian lo sintió exquisito. Observo las pequeñas manos de Janikka
acariciarle el brazo. Demonios ¿De qué manera lo hacía que lo ponía tan tenso?
-¿Para qué?- Le pregunto, sin querer saber la respuesta,
tan solo deseaba quedarse ahí mismo.
-No lo sé…- Janikka lo empujo hasta ella, esta vez para
que se acostara a su lado. Julian cayó tendido. Las fuerzas se le habían ido. De pronto se encontraba hechizado
por ella y sus penetrantes caricias. –Tal vez para que me digas tu nombre.
-Pensé que lo sabias…- Doblo los brazos y los coloco bajo
su cabeza. –Julian… Julian Drain.
-¿Y por qué lo de ayer?- Pregunto ella.
-¿Qué cosa?
-Te detuviste.
Y una cosa era cierta. Los borrachos eran los más
sinceros del mundo.
-Tu no querías…- Le respondió sin sobresaltarse. No valía
la pena molestarse de nuevo.
-¿Cómo lo sabes?- Janikka dio vuelta. Cayendo sobre el
torso de Julian. Él volvió a posicionar sus ojos sobre los de ella. Esta vez sí
tenía tantas ganas de hacerla suya. Tantas. Muchísimas. Le deseaba con toda su
alma. Se lamio los labios. Necesitaba hacer suyo cada centímetro de su boca.
-¿No es así?- Le pregunto. Su brazo izquierdo le abrazo
la cintura por detrás. Haciendo que sus cuerpos se junten mas esta vez. Los
pechos de Janikka quedaron atrapados entre el torso de Julian.
-No…- Le respondió ella. Maldición. ¿Lo decía solo porque
estaba ebria? O porque ¿En verdad lo sentía así?... –Julian…- Una oleada de
deseo se apodero de él cuándo la escucho decir su nombre. Se la imagino
gritando ahora. Con la garganta ronca. Gimiendo. Fuerte. Al ritmo de sus
caderas. Bañada en sudor. Dándoselo todo. Hasta la última gota de su dulce
sexo. –Bésame…- Le pidió. Y sí. Mil veces sí. Janikka… lo estaba volviendo
loco.
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Y ni siquiera fue necesario pedírselo mucho para que lo
hiciera. Posiciono sus labios sobre los de ella, suavemente, un pequeño roce
tan delicioso y placentero que lo dejo con ganas de más.
Delicadamente empezó a moverlos sobre los de ella,
abriéndolos, dándole paso a un beso grande, donde pudo deleitarse con el
exquisito sabor de su lengua. “Bésame”… recordó en su cabeza. Y cuanto le había
gustado escucharlo viniendo de los pequeños labios de Janikka, que justo en ese
momento besaba. Le apretó las caderas, Janikka cayó sobre su pecho, subiendo
sobre su cuerpo, tal vez no recordaría nada de esto en unas horas… pero
quedaría en sus labios el sabor de lo que en ese mismo momento hacían.
-Me gustas…- Le susurro ella, aun entre besos. Julian
separo sus labios por un segundo. Una pequeña sonrisa se había instalado en sus
labios, algo inusual, pues casi nunca
nadie lo veía sonreír.
-No podría gustarte, nena.
-¿Por qué no?
-No me conoces…
-Ya se tu nombre…- Julian la apretó contra su cuerpo,
para que su rostro volviera a unirse con el suyo, junto con sus labios.
-Me refiero a lo demás.
-¿Yo no te gusto?
-No dije eso…
-Pero entonces ¿Te gusto?- Volvió a preguntarle ella.
Ahora con una sonrisa al observar lo tenso que lo había puesto de nuevo.
-Estas ebria pequeña… si te lo digo no lo recordaras
después.
-Te conviene entonces.
-¿Qué quieres que te diga?- Le acaricio las caderas por
debajo de su blusa de seda. Cruzando la curva que había partiendo de su trasero
hasta su espalda.
-Que te gusto…- La piel se le erizo al decir esas
palabras. No entendía por qué, si ni siquiera sabía muy bien en su subconsciente lo que en verdad le
decía.
-Sabes que si…
-¡Te gusto!
-No, en realidad me gusta hacer esto…- La volvió a
apretar contra él. Janikka soltó un pequeño gemido al sentir el miembro de
Julian bajo su cuerpo. Grande. Grandísimo. Haría que en cualquier momento se
mojara. –Y sé que también disfrutas que lo haga.
-Si…- Admitió. No había nada que la hiciera más sincera
que los efectos del alcohol. –Pero yo me refería a algo más… a que si te
gusto…de verdad.- Ambos se miraron. Tal vez ninguno tenía noción de lo que en
verdad pasaba. Ese bonito e interminable momento que empezaba a confundir a
Julian como nunca en su vida.
-Si.- Le dijo comiéndosela con la mirada. –Me gustas.- No
supo porque, ni cómo es que en ese momento se inclinó de nuevo para besarle los
labios una vez más. Janikka se estremeció por completo, no quería decirlo… pero
en verdad había sido uno de los mejores besos de su vida. –Me gustas demasiado.
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Habían hablado más de la cuenta. Horas y horas. Acostados
sobre esas finas sabanas. Ninguno de los dos había sentido el tiempo que habían
utilizado. Y sin querer… sin ninguna intención… tenia a Janikka abrazando su
cintura. Su tibio aliento sobre su cuello, erizándole la piel desde hace un
buen tiempo, con los ojos cerrados, y aun envuelta en un profundo sueño.
Se veía mejor cuando dormía. Le provocaba hacerla suya en
ese mismo instante. Las ganas de hacérselo no se le habían ido. Al contrario,
habían aumentado, es que con ella… con Janikka, ya no se sabía. Moría por…
arrancarle la ropa, y hacérselo suavemente, despertándola con un delicioso
orgasmo que escucharía a gusto. Se relamió los labios. Ahora mirándola dormir.
Hermosa, y peligrosamente sensual… pensó ahora.
De pronto, un ligero suspiro salió de los labios de
Janikka. Abrió los ojos lentamente, encontrándose con el rosto de Julian.
-Maldición.- Se precipito a decir ella. Ligeramente
horrorizada. Retiro los brazos de la cintura de Julian. Había dormido mucho. Y
podía jurar que no recordaba nada de lo que había pasado. -¿Por qué?- Susurro
sin saber por qué había despertado entre los brazos de él. -¿Qué ha pasado?
-Pensé que lo recordarías.- Le dijo él. Con una sonrisa
en sus labios que no hizo más que preocupar a Janikka. –Tan bien que lo hemos
pasado linda…
-Basta, dímelo ¿Si? Por favor…- Le rogo, tratando de
recordar al menos un fragmento.
-Voy a ducharme…
-Julian, por favor.- Volvió a decirle ella.
-Te he hecho mía.- Le dijo riendo. Janikka abrió los
ojos. –Tú me lo pediste, así que…
-¿Qué?
-Ya me oíste.- Se puso de pie, con ella todavía sobre las
sabanas tendidas en el suelo. En un estado de shock.
-¡Eres un imbécil!
-Sí, sí, si…- Julian abrió las puertas desgastadas del
pequeño baño. Se quitó la camiseta.
-¡Un idiota!
-Cálmate
-¿Qué me calme?.- Ella se puso de pie, alcanzándolo hasta
el baño. –Eres un maldito desgraciado…- Le grito, para ese entonces Julian la
habita tomado de los brazos. Deteniéndola. La pego contra la pared, ella no
podía ni siquiera moverse. Jamás llegaría a igualar su fuerza.
-Si soy un desgraciado ¿Por qué has dejado que te haga lo
de la otra noche?- Le recordó. Un ligero cambio de temperatura se pasó entre
los dos. Recordando cuando ella se había dejado tocar por él, de todas las
maneras. A Janikka se le subieron los colores. –No me insultes más si no
quieres que repita lo de hace unas horas.
-Te odio
-Yo también
-Me das asco…
-Si hermosa como quieras.- Puso los ojos en blanco.
Ligeramente dolido por sus palabras. –Una cosa más, ni te hice mía, ni lo hare.
No eres de mi tipo y nunca estaría con una niña como tu… de esas, que se creen
la gran cosa y al final…
-Y al final te terminan calentando tanto que terminas
masturbándote solo en el baño.
-Que lindas palabras…
-Dime que es mentira Julian.
-No, no lo es… termine masturbándome la otra noche por
que jamás terminaría de correrme con alguien como tú.
-Si Julian, como no.- Intento separarse de él. Para no
llorar frente a su rostro. Sus palabras la herían en el fondo, muchísimo, pero
él parecía no notarlo. -¡Suéltame!
-Aún no hemos terminado de hablar.
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-Me importa un pepino lo que tengas que decirme, déjame
en paz.- Se le escapo un gemido. No podía contener las lágrimas ni un segundo más.
-Vaya, vaya… ¿Quién iba a pensar que la millonaria Janikka
Leppälä tenía ese vocabulario?- Julian abrió los ojos.
-Eres realmente insoportable…- Quería llorar, ahora más
que nunca. Un sollozo salió de sus labios. –Repugnante.- Una lágrima se desprendió
de sus ojos. –Te odio.
-No llores
-Te odio muchísimo…
-No me gusta que llores.- Esas palabras salieron tan
fugazmente que Janikka ni siquiera pudo escucharlas bien. Lo miro a los ojos,
ahora ligeramente irritados por aguantarse las lágrimas. Julian también lo
hizo.
-Suéltame por favor…
-Ya…- La soltó suavemente. Janikka respiro hondo.
Desquitándose. Intento irse, sin decirle nada más. Pero Julian volvió a
voltearla para tenerla para él una vez más. –No quise que lloraras… a veces no sé
lo que digo.
-Olvídalo
-Olvídalo tu primero…- Él le sonrió. Janikka no pudo
evitar sonreír a medias por la preciosa sonrisa de ese hombre. –Ahora, ¿Me
dejas bañarme? O es que quieres… hacerlo conmigo…
-No
-Ok, ok…- La vio salir. Menos enojada que antes. Lo cual
le hizo sonreír un poco más. Janikka… Janikka… se dijo a sí mismo. Tenía claro
que jamás le diría lo que ebria si le había podido confesar y que ahora sentía:
Me gustas y cada vez más.



SANTA MADRE DE ODÍN!!! este cap ... ESTE CAP!!! yo quiero ubn secuestrador así :3 yo si me dejaba que me hiciera lo que quisiera jajajjaa- obvio así pero Sammy jajajaja- waaaa!!! esta fic esta muy bonita :3 no se, me encanta :3
ResponderEliminarLo se mana, créeme que con un hombre así cualquiera se deja secuestrar :3 <3
EliminarOMG!! mmmmm heineken?? yumiiii <3 ajajajajaja, buenisisisismo chap jannett, en serio, me encantaaa ese hermoso sindrome de estocolmo jejejejeje, y bueno quien no con un secuestrador asi!!! por fiis no tardes mucho en publicar siiii?? anda jejejeje....muy buena
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