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Theon es rubio. Lo que se dice un rubio. El pelo
lacio con algunas partes negras en las sienes. Un flequillo que le oculta la
ceja izquierda, y que se esmera en cuidar. Sus ojos son verdes claros. Pero su
mirada es la que recluta féminas.
Mirada insolente, directa, desvergonzada, y al mismo
tiempo cálida, sensual; una mouse suave que envuelve el licor fuerte. Se
instala es su lugar de caza preferido, el “Jack
the Rouster”. Y sonríe. A las mujeres les agradan sus labios. Son carnosos,
voluptuosos. Quizá pornográficos. Esta tarde rastrea en la busca de la victima
apropiada. Se estira el saco, se recoloca el pañuelo del bolsillo y comprueba
la hora. Aun es temprano. Las directivas de piernas descomunalmente largas y
torneada, y zapatillas de tacón de aguja, que se desplazan a Tampere por
trabajo y odian las solitarias noches de los viajes de negocios, resisten
atrapadas en sus salas de reunió. Pasa a la terraza. En una mano, un Gin Tonic de Bombay Saphire. En la otra
la revista Executive Excellence. Su
ligero tono bronceado contrasta con el tono pálido del traje. Dos semanas en
Marbella, una en Menorca y una sesión semanal de rayos UVA, han tostado su piel
ligeramente pálida.
Saluda a la camarera.
-¿Me sirves otro? –Es alta.
Tal vez aspire a modelo.
-¿Bombay Saphire?
Theon confirma con una sonrisa. Y la mira sin
pestañear.
-¿Qué es la vida sin un Bombay Saphire?
La camarera le devuelve la sonrisa. No es lo que
dice, es como lo dice. Y él lo sabe. Domina la escena, saborea el momento,
presiente lo que viene después, lo que siempre viene después, y le sobreviene
una erección. La boca ligeramente entreabierta, la mirada sesgada, más que
invitándola, retándola a adentrarse en su juego.
-¿una vida vacía? –le responde ella, devorándole con
los ojos. Luego se esfuerza a salir en busca de la copa.
Theon se acaricia el mentón. Prominente, masculino.
Sopesa las posibilidades de arrastrarla a la cama. Bonito trasero, mejores
pechos, rostro agraciado, larga melena pelirroja. Un bombón. Su deseo continúa
insidioso. Pero existen reglas. Siempre hay reglas. No ahí, no con una camarera
del bar. Le traerá problemas. <<Las mujeres exigen demasiado. Quieren un
anillo y una casa con jardín>>. Theon solo un polvo. Un gran polvo. Un
polvo de los que hacen época. De tres orgasmos, quizá cuatro. Pero no una
relación bendecida ante el altar. Ya tuvo una. Y desde luego no le fue nada
bien, ni a él ni a su ego.
La camarera regresa con la copa en una bandeja. La
deposita sobre la mesa mientras observa de reojo. Ha oído hablar de él. Las
otras camareras del bar también. Siempre tiene una habitación reservada a su
nombre en un hotel no muy lejos de ahí. Y cada día la abandona una mujer
distinta. Habitualmente con el pelo revuelto, caminando agotada y con una
sonrisa de complacencia. <<Debe de ser una fiera en la cama>>,
piensa ella.
-¿le pongo algo mas? –La pregunta no es nada
inocente. A la camarera le hubiera apetecido acompañarla de un guiño. Pero no
se siente tan valiente.
Theon sonríe de nuevo, con sus dientes blancos y
perfectamente cuadrados, y luego se lleva la copa a los labios. <<Las
camareras siempre estas ahí. Las huéspedes van y vienen>>.
-No, gracias.
Piensa en el gimnasio, su segundo lugar de caza.
Allí no existen reglas. Las mujeres se inscriben, se matan en spining durante
dos semanas, se cansan, abandonan, vuelven a los tres meses…
El gimnasio es enorme y da juego. Cuenta con
ventaja, se ha fabricado un cuerpo a medida. Su pecho es recio, compacto, sin
vello. En los abdominales luce una tableta potente, delineada, esculpida en
mármol. Las mujeres se sientan en las bicicletas estáticas y lo observan por el
rabillo del ojo. Sudado es cuando mas encanto desprende. Aceitoso, con la piel
perlada. A la mitad de las mujeres del gimnasio les gustaría arrastrarlo a la
cama, la otra mitad ya lo ha hecho.
Las siete y media. El bar poco a poco se va llenando
de ejecutivos extenuados. Desde la terraza, observa un atardecer dorado por el
efecto de la luz del atardecer. Abajo, los atascos del tráfico, los gases de
los coches, los semáforos insufribles. Arriba, la puesta de sol, una copa y
mujeres hermosas. Suspira y recuesta la espalda. <<¿Qué mas se puede
esperar de la vida? Un nuevo affaire, otra noche entre sabanas de raso…>>
a diez días de cumplir treinta y tres años, se halla en la cima del mundo.
Al volver la vista a la terraza localiza a dos
mujeres. La primera, morena, de cara redonda y sonrisa amigable, mantiene una
conversación telefónica. No la oye. Pero tiene pinta de hablar con uno de sus
hijos. Gesticula mucho, suelta carcajadas de vez en cuando, apunta cosas. De
Helsinki o tal vez de Espoo. Dos niños, quizá niña y niño. Se siente culpable
por las horas que dedica a su trabajo. Esta felizmente casada. No ve el anillo
desde su posición, pero esta convencido de que lo encontraría en su anular. La
segunda bebe despacio. Un Gin Tonic.
De cara alargada y ojos muy juntos. Contempla a los clientes, como si aguardase
a que alguien se decidiera a alejarla de una tarde aburrida. <<La soledad
es un sentimiento difícil de soportar para ciertas personas>>. Comprueba
el celular, pero nadie la llama. Es separada, puede que divorciada.
Theon desea examinarla de cerca. Se levanta y se
dirige hacia ella. Se sitúa en frente, en otra mesa. Escote sugerente y sin
anillo en el anular. Bonitos labios, estrechos, elegantes…
Le gusta su piel pálida, casi blanca. Adivina bajo
su saco una mujer de curvas sugerentes, con pechos pequeños, pero firmes. Le
guiña imperceptible. Ella no se da cuenta. Pero Theon insiste.
-Ha quedado una bonita tarde, ¿no le parece?
Repara en él. Y parece que lo que ve le agrada.
-Así es.
Alza la copa y bebe. Despacio.
-Me gusta Tampere en esta época del año- Añade la
mujer, tanteando a su interlocutor.
-Tampere es una ciudad mágica en cualquier época.
–Espera un par de segundos, y luego remata-. Es una ciudad para compartir
amigos, recuerdos… amores.
La mujer respalda su reflexión con un ligero
cabeceo. Y Theon sonríe de forma enigmática, como si le hubiera transmitido un
secreto poderoso, tal vez como si esa estúpida frase contuviera un misterio.
Luego ella se lleva la copa a los labios y bebe con sugerencia, sin esconder la
mirada, resuelta, atrevida, directa.
-¿Es de aquí? –Acaba por preguntar, como si no
soportara el silencio y los ojos penetrantes de Theon.
-De aquí y de allá –Responde él, extendiendo la
vista hacia el horizonte-. Ahora vivo en Tampere, si. Pero viajo mucho. –Clava
los ojos de nuevo en ella- . ¿Usted?
-Soy de Espoo. He venido por trabajo.
Theon censura la respuesta con un ademan.
-Ha venido para darme suerte.
-¿Suerte?
Sonríe
-Discúlpeme. Hoy ha sido un al día, estaba a punto
de irme a la cama con una botella de vodka. Pero ha sido verla y mi día ha
cambiado.
La mujer festeja la ocurrencia, <<Pero a que
mujer no le agrada un piropo>>.
-¿Y que he hecho yo para merecer tal honor?
Theon se levanta de su mesa y se cambia a la de
ella.
-Ser mi salvavidas. –Le tiende la mano-. Theon
McInsane
La mujer se la estrecha. La presión de las manos de
él es enérgica. Transmite seguridad, confianza. También es cálida.
-Ria Virta
Ria toma su copa y antes de beber, pregunta:
-¿Y para que necesitas un salvavidas Theon?
-Para escapar de la monotonía. –Bebe, espera su
reacción. Pero ella se mantiene a la expectativa. –Trabajo en una
multinacional. Todo el día en la oficina contestando el teléfono, si no
viajando.- Exhala cansado. –Ahora mismo, ahí sentado- Señala su anterior mesa.
–Me preguntaba si no desperdicio mi vida.
-¡Que profundo!
-No, es serio- Vuelve a beber,-¿Tu estas satisfecha
con tu vida?
Ella inspira. Parece que no se decide a hablar.
<<¿Sera que esta tarde lo único que anhela es a un hombre entre sus
piernas, a poder ser con un buen miembro y un movimiento de caderas que la haga
perder el sentido?>>
-Puede que no. Pero las cosas siempre pueden
mejorar.
Theon asiente pensativo.
-Por eso decía que me has venido a salvar la vida.
Eres positiva. Me gustas-. Esboza un remedo de sonrisa. -¿Has vivido siempre en
Espoo?
-Si. Bueno, no-. Llama a la camarera.-Estudie dos
años en los Estados Unidos. En Boston. Pero eso fue hace siglos.
-No eres tan mayor. ¿Veintiocho?, ¿Veintinueve?
Ria suelta una carcajada.
-Eres bueno, Theon. Muy bueno
Supera los treinta. Y él se ha percatado de ello. De
todos modos, l agrada el cumplido. Theon esta al corriente de que un hombre
tiene la obligación de hacer sentir joven a una mujer, cualquier mujer.
La camarera se acerca y ambos piden lo mismo.
-¿Y que has venido a hacer a Tampere?
-A ver si adivinas…
-Déjame pensar… por tu aspecto, diría que has sido
modelo. Pero ya te has retirado. Y ahora trabajas en una empresa de cosmética o
de bolsos, o quizá vendiendo productos para calvos.
Ria ríe una vez más. Y Theon la acompaña.
-Si, eso, eso. Vendo productos para calvos.
Llega la camarera y les sorprende riendo. A él le
fascinan las féminas desinhibidas y algo payasas. La camarera coloca la bandeja
sobre la mesa, deja las copas y se da la vuelta con un mohín despectivo.
-Creo que esta celosa.
-¿Tu crees?
-Antes te comía con los ojos.
-¿Antes?
-Cuando te sirvió, en tu mesa
-¿Me espiabas?
Ria le mira de forma enigmática.
-No había mucha gente por aquí
Theon no responde, pero clava los ojos en los de
ella, que sonríe maliciosamente y se humedece los labios con la punta de la
lengua. Apenas un momento. Pero el suficiente.
-¿Desde cuando haces esto?- Le suelta sin mas Ria.
-¿Qué cosa?
-Ligar en bares.
La cuestión lo tomo de improviso. <<Se
acabo>>. Intenta recomponerse. En ese momento piensa en Carlos Sainz y su
¡Trata de arrancarlo, por dios! A un paso de follar o de volver a casa. Solo.
Lo consideraba bastante antes de contestar. <<¿Pretende la verdad o que
la seduzca?>>. Existen mujeres decididas, con una opinión precisa acerca
de lo que les apetece, y que no permiten frustraciones. También están quienes
se dejan seducir.
Desean lo mismo que las anteriores pero les
entusiasma la diversión previa. Y luego existen los otros tipos. Pero a Theon
no le interesan mas que las dos primeras. Ahora debe decidir a cual pertenece
Ria.
-Depende- Se arriesga a contestar. –No me cierro al
amor.
-¿Al amor o al sexo?
No contesta pero le devuelve una mirada cómplice.
<<Es el momento>>.
Ria sonríe a su vez
-¿Cuántas de aquí te has follado?
-Yo…
-Vamos. ¿Cuarenta? ¿Cincuenta?
-No se. No las cuento.
-Seguro que las numeras… o no. Mejor. Les pones
marcas. ¿Verdad?
Se pone serio. >>¿A que juega>>. Nunca
la ha visto antes de hoy. <<No puede ser un antiguo lio>>. Esta
seguro. <<¿La manda alguien?>>
-No te pongas así, hombre. Solo es un pasatiempo.-
Cruza las piernas, adelantando una sobre la otra. Un muslo blanco se pierde
abajo. En el otro lado, la mirada de Theon se desliza hacia un tobillo que
desemboca en una zapatilla de tacón alto. Rojo. <<Que sexy>>,
piensa.
-¿Y tu? ¿Cuántas veces has ligado así?
Ria ríe. Se acechan uno en los ojos del otro. Theon
se acerca lo suficiente para aspirar su perfume. Intenso, penetrante. Le
recuerda al jazmín. Vuelve a sentir la avidez del apetito carnal, y esta vez
esta convencido de que no va a moderarse.
-Lo cierto es que me da igual- Añade. –Sean las que
sean, seria un placer contar entre ellas.
Su voz suena resueltamente masculina. Pero en esta
frase vuelca además una suavidad gutural que lo reviste de una sensualidad
irresistible para las mujeres. Ria aprieta los labios en una fina línea.
Ninguno de los dos añade nada, hasta que Theon reclama a la camarera. <<La
cuenta>>.
Ha tenido suerte. No es suficiente una sintonía tal
con alguien. Habitualmente habla y habla, toma copas y con suerte, después de
cenar la acompaña a la habitación. Sexo no hay siempre. Tal vez al segundo o
tercer día.
*********
En el espejo del ascensor, la sorprende en el acto
de morderse el labio inferior mientras se fija en su trasero. <<¿Me esta
viendo el trasero?>>. Es firme y redondo, producto de cientos de horas de
ejercicio. Oscila una mano nerviosa, tal vez tentada de tocárselo. Sin embargo,
se reprime.
La habitación es sencilla. Una habitación más de un
hotel de cuatro estrellas. Theon entorna las cortinas para dotarla de un
ambiente íntimo. Aun no ha anochecido. Ria se mantiene de pie, con el bolso en
la mano. No sabe donde dejarlo. Se siente tonta, como si fuera la primera vez
que hace esto. Es seguida repara en la estupidez.
-Ven.- Él se acerca y la rodea con sus brazos.
Ella aproxima sus labios y le susurra. –¿Me lo vas a
hacer lentamente?
Theon inspira la fragancia de su cuello. Le cautivan
las mujeres sin complejos <<Lo quiero, lo tengo>>.
-Muuuuyyyy lentamente. Una vez. Otra. Y otra.
-¡Donde vas semental! Menos hablar y mas
demonstrar.- Desciende una mano al trasero de el y, esta ves si, lo estruja.
Theon la retiene de la nuca y la besa en los labios.
Primero la besuquea con mimo. Después, entreabre sus labios. Mas tarde, ya
desinhibidos, enredan sus lenguas. Una mano de él en su nuca, la otra en la
cadera, ciñéndola
Ria también se aferra a su trasero, restregándose
contra el torso y la entrepierna de su amante. Su respiración, la de ambos, se
desboca.
Theon se deshace del saco de ella con u par de
movimientos e introduce una mano por la blusa desabotonándola al mismo tiempo
que resbala por el escote femenino con dos dedos. Luego captura uno de sus
pechos, aun dentro del sujetador. Lo manosea, lo acaricia, para detenerse en un
pezón duro, tenso, sensible. Ria resopla.
Detienen sus besos y se exploran con la mirada.
Theon continua acariciando el pezón, y con la otra mano suelta el enganche del
sujetador. Sus pechos, blancos, pequeños, perfectos, se agitan. Los codicia.
Vuelve a dirigir los ojos hacia su amante, como pidiéndole permiso. Ella
entorna los parpados. Y Theon desciende, lamiendo su piel, por el cuello, el
escote y alcanza el pezón izquierdo. Allí realmente su juguete. Lo ensaliva, lo
mordisquea, lo besa, lo succiona. La mujer cree morir. Deja caer la cabeza
hacia atrás y jadea, sintiendo como su humedad la empapa.
Lo quiere en su interior. Ya. De modo que lo empuja
a la cama. Él cae. Ella sigue de pie. Se insinúa con un vaivén de su cuerpo.
Ambos mantienen la respiración alterada, anhelante. Ria sonríe de medio lado.
Se quita la falta. Lleva una tanga de encaje negro. Theon se divierte
devorándola con los ojos. Ella gira para que pueda verla por completo. Cuando
acaba, desliza sus bragas hasta el suelo y se queda desnuda. Apenas tiene vello
púbico. Una fina línea. Su sexo palpita y esta húmedo. Él lo percibe desde la
cama.
-¿Qué te parece?
-Tienes un cuerpazo.
Ria rie alborotada. Sabe que no. Alguna celulitis,
un poco de grasa aquí o allá. <<Pero que más da>>. Ahora solo
quiere sexo con ese hombre. Curiosea en su entrepierna en la distancia. El
bulto del pantalón es suficientemente explicito.
-Ahora tu.
Theon frunce las cejas.
-¿Y si no?
Su amante salta sobre él, separando las piernas. Sus
sexos entran en contacto. Ella mueve las caderas, y sus pechos se bambolean al
ritmo del movimiento. El roce es excitante.
-¿Estas seguro?- Le pregunta de forma tentadora.
Theon no contesta. Pero aprieta los labios con
contundencia. Y luego jadea.
-Quítate todo.
La orden de Ria actúa como un resorte. Se aparta y
él se incorpora y se desabotona la camisa. Debajo, un pecho musculoso.
<<El tipo se cuida bien>>, piensa la ejecutiva, que se humedece una
vez mas. Se pone sobre sus rodillas y le acaricia las abdominales.
-¿Esto es todo tuyo?
-Del primo de Ylönen
Ria no parece oírle. Repta con los dedos por el
torso arriba y abajo, y luego de arriba abajo, hasta llegar al botón del
pantalón. Lo desabrocha y tira de la cremallera.
Theon la observa desde la altura. Desea que lo haga
pero no se lo va a pedir. Ella le agarra el bulto de los bóxers. Es un miembro
grande. Largo y, sobre todo, grueso.
-Demonios…
Theon deja escapar una queja. Le complace que
jueguen con su pene desde la punta hasta la base, y vuelta al comienzo. Ria lo
hace instintivamente, con una expresión de asombro. Y él se excita aun mas al
descubrir su gesto de perturbación.
-¿Qué tal por ahí abajo?
Ria le mira desde su posición y sonríe con malicia.
Le baja el bóxer y, como un muelle, el pene salta hacia arriba. No se detiene a
contemplarlo. Se acerca y le regala un beso. Luego desliza la mano hacia abajo
con suavidad. Y regresa. Varias veces.
Cuando siente los gemidos de Theon, se detiene y lo
aprieta. Tiene ganas de mas. Pero hoy no ira mas allá. Lo decide en ese
instante. No la primera vez. Busca en su bolso, saca una caja de preservativos
y se la enseña.
Theon consiente con la mirada perdida.
-Ven.- Le coge de una mano y lo atrae hacia ella.
Rompe el envoltorio de un preservativo y se lo coloca. Luego se dirige a él con
una mirada cargada de lasciva. -¿Preparado?
Theon asiente. <<No hay otra cosa en el mundo
que desee mas en este momento>>, piensa. Y se tumba sobre ella para
fundirse en un beso de lenguas salivosas, pegajosas, enredadas. Se lamen.
Entretanto, el miembro de Theon se restriega, contra la entrepierna de Ria.
Ella suspira. A veces jadea. Le agarra del trasero
para retener su cuerpo.
-Me estas matando.
Theon la penetra apenas un centímetro, ayudado por
su mano. Después espera. Le gusta mantenerse ahí. En la antesala del placer.
Deseando continuar hasta el fondo, pero reprimiéndose para intensificar luego
el goce. Ella intenta forzarle a continuar. Quiere su orgasmo ya. Exhala un
gemido y lo busca con la mirada. En sus ojos hay suplica. Házmelo, por favor,
parecen decir. Theon avanza un poco mas. Ria vuelve a gemir.
-No seas malo.
Aprieta un poco más y encaja el pene completamente,
con decisión. El cuerpo de la mujer se arquea. Luego lo retira un poco,
lentamente, y lo vuelve a introducir con fuerza. Una, dos, tres veces más. Ria
gime, le agarra el trasero y abre las piernas infinitamente.
Quiere que su cuerpo sea perforado, que su alma sea
ocupada. Quiere el goce para ella sola. Gritar. Que avisen a la policía. Que
golpeen en la pared. Sus movimientos se acompasan, el vaivén comienza lento y
va tomando velocidad hasta apresurarse en un galope desmesurado. Theon la
sujeta por las muñecas, los brazos estirados por encima de su cabeza. Le muerde
el cuello, le lame los pezones y los labios, sin dejar de cabalgarla. Ria
vuelve a arquearse, jadea y vuelve a gemir. Siente que se viene. Se suelta de
las manos de él y le agarra el trasero una vez mas. Lo aprieta contra si.
Quiere sentir el miembro hasta el fondo en el momento de alcanzar el orgasmo.
Theon arremete con energía. Una, dos. Ella se aferra a él con las piernas y
aprieta si clítoris contra su cuerpo. Grita y se corre. Theon aguanta la
respiración. Y llega también.
********
Theon se acomoda ante su escritorio. Hace ocho años
que la empresa ha recaído en sus manos. Su padre la creo desde la nada. Y él,
en apenas cinco años, ha conseguido traspasar fronteras e instalarse en Francia
y Alemania. Ahora no se preocupa por el futuro. Los hijos de su hermana
trabajan en la compañía y, seguramente, se encargaran de ella mas adelante.
Theon no tiene hijos ni puede.
Esa fue la razón por la que su esposa se convirtió
en ex. Esa y el veinteañero profesor de tenis. Pero de eso hace nueve años.
<<¡Quien se acuerda ahora!>>.
Levanta el teléfono y llama a su secretaria. Hace
unos días que le ronda la idea de adquirir un pura sangre. Hay crisis, si. Pero
a la empresa de Theon le va fenomenal.
-¿Cuándo tengo la cita con Saarela?
-Mañana, a las doce. En la Plaza Central, Theon.
Su secretaria le llama por el nombre de pila. Lo
conoce desde que era un niño. Trabajaba con el padre. Como siempre dice, en
tono de broma, de su padre heredo la empresa y a Marja.
-Llámale y adelanta a las once.
-Bien. Theon, tienes dos llamadas del señor
Katajisto.
-¿Katajisto?
-Del departamento financiero.
-¿Katajisto? ¿No es uno calvo muy serio? Como un
enterrador.
Al otro lado del teléfono suena la risa de su
secretaria.
-No seas malo. El señor Katajisto trabaja en el
departamento financiero a las órdenes de Juho Järvensivu.
-¿Y para que quiere verme? Que hable con su jefe
-Dice que solo puede hacerlo contigo-. Espera un
poco y añade susurrante. –Estaba un poco nervioso, Theon.
-De acuerdo. ¿Tengo alguna cita mas esta mañana?
-Una reunión a la una con el señor Liimatainen, de
Frigoríficos Liimatainen, y la comida con Jussi, del Santander. Theon comprueba
la hora.
-Esta bien.
-Y hay un señor esperándote.
-¿Un señor?
-Un abogado. Se llama Diego Peretti.
-¿Y que quiere? Aquí se presenta cualquiera a…
-Viene de Argentina para verte. Dice que se trata de
una herencia.
Theon no tiene parientes en Argentina. Por lo menos
que sepa. <<Debe ser un error, no hay otra explicación>>.
-Dile que pase.
-Ahora mismo… una cosa mas, Theon.
-Me voy en media hora. Ya sabes, lo de mi hijo.
-Si. Siento mucho por que estas pasando. Si puedo
ayudarlos en algo.
-No, esta bien. Ya hiciste bastante con el abogado.
No es eso. Hemos contratado a una chica para que me sustituya. Ahora voy a
estar un poco más ocupada. Con la muerte de mi nuera y, ahora, mi hijo en la
cárcel, me tengo que hacer cargo de los nietos.
-No te preocupes.
-Vendrá en un momento. La chica. Se llama Enkeli
Lehtinen. Antes de irme te la presentare.
Cuelga y se acomoda en su sillón. Se rompe la cabeza
pensando en Argentina. ¿A que viene un abogado de allí con una herencia? En
cualquier caso, en breve lo sabrá. Suspira. El recuerdo de la noche anterior
con Ria le distrae un momento. ¡Que polvo! Lo habían hecho cuatro veces. A las
seis de la mañana se ducho y se fue a su habitación. Ria dormía entre las
sabanas cuando el cerro la puerta.
-Buenos días.
Un señor bajito, de unos cuarenta y pocos y con una
nariz prominente, se adentra en la habitación, precedido por la secretaria.
-Señor Peretti- Dice ella –Señor McInsane- Ambos se
dan la mano.
-Usted dirá- Comienza Sergio, una vez ambos
acomodados frente a frente, con el escritorio separándolos.
El abogado abre su maletín y saca unos papeles.
-Señor McInsane, soy el albacea del señor Eicca
Toppinen
Theon no tiene ni idea de a que se refiere.
-El señor Topinen emigro a Argentina en el setenta y
tres. Era Escandinavo…, perdón, quiero decir Finlandés. De Helsinki. Nació y se
crio en el barrio de Lauttasaari. Trabajo de mecánico en unos talleres
eléctricos desde el año sesenta y tres al año sesenta y ocho. Después, encontró
trabajo, aquí, en su empresa. Estuvo a las órdenes de su padre hasta el mismo
año en el que emigro.
Theon confirma con una expresión de duda en los
ojos.
-Muy bien. ¿Y en que le puedo ayudar? Si esta
buscando a algún familiar, siento decirle que mi padre falleció hace tres años,
y de aquella época dudo yo que quede alguien en los talleres. Quizá Majia, mi
secretaria podría hacerle alguna gestión.
El abogado lo niega.
-No se trata de eso. Mi cliente, en aquellos años
respondía al apellido de Toppinen, no tenia familia. Cuando se fue a la
Argentina nada le ataba a Finlandia. Después, unos meses mas tarde se entero de
que había algo, alguien. Un niño. Había dejado embarazada a una mujer.
<<¿Qué tengo que ver yo en esta historia?>>.

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