Habían tomado dos o tres de copas. Lo suficiente para relajarse. El día
fue muy duro para ambos, y lo necesitaban. Enkeli escudriña en su rostro. A
Theon se le marcan los hoyuelos. No se había percatado antes. Suspira.
<<Que mono es>>. Se recuesta en el sofá. <<Mañana será
complicado>>. Piensa. Apura el ron y cierra los parpados.
-¿Estas cansada?
-¿Tu que crees?
Theon murmura algo ininteligible. Toma la botella de ginebra y rellena su
vaso.
-Me gusto como nos sacaste del hotel.
Enkeli lo ideo. Emborracharon a Ria y la acompañaron hasta el ascensor
que comunicaba directamente con el parking. En el camino no se cruzaron con
ningún otro huésped. Si lo hubieran hecho, tampoco habría pasado nada. Dos
personas acompañando a una tercera que había bebido demasiado.
-¿Todavía duerme la mona?
-Esa no despierta hasta mañana- Le responde Enkeli, riéndose.
Theon la imita.
-¿Sabes que tienes un hoyito muy gracioso aquí?- Le toca con un dedo en
la mejilla.
-Si, ya me lo han dicho alguna vez.
-¡Uy! Eres más presumido. Seguro que las tienes locas…- Enkeli se ríe de
todo con facilidad. Quizá las copas.
A Theon le hace gracia. Ha bebido mas que ella pero no van tan pasado de
copas. <<¿Es buen momento para…?>>, se pregunta. <<Quizá no
deba esta noche>>, piensa acto seguido.
-¿Me pones otra copa… por favor?- Le pregunta ella.
Theon no le responde, pero se levanta.
-Creo que es hora, señorita, de que te vayas… que no vayamos, a la cama.
-Que directo eres- Brome Enkeli agarrándose a su mano para ponerse de pie
–Pero no me vas a convencer así, ¿Eh?
Al levantarse sostenida por Theon, ambos tropiezan y están a punto de
caer. Se aferran el uno al otro, muy cerca las caras. Enkeli esta aturdida,
pero en ese momento se despeja. Le mira los labios, apetitosos, carnosos. Y le
da la un beso. Theon se deja besar, pero no la responde. Ella aspira su olor.
Huele a loción de afeitado, muy masculino.
Theon se retiene.
-Vamos, mañana debemos estar muy despiertos. La loca esta nos puede
hundir el negocio.
Enkeli asiente. Sigue mirándole de cerca, muy de cerca. Tanto que Theon
se siente cohibido. Se aparta un paso y hace ademan de comenzar a caminar hacia
su dormitorio. Pero ella lo detiene, sujetándolo del brazo.
-No se que pasara mañana…, o pasado mañana. Pero me caes bien. Np eres
tan estúpido como creía. ¿O si?
Theon sonríe.
-Posiblemente si. Tengo a una loca encerrada en una habitación, han
cometido un desfalco de película en mi empresa y hace menos de dos días que
supe que mi padre no es mi padre. Creo que me ha ganado el apelativo de
estúpido, cuando menos.
-Lo de la loca no te lo discuto. Por que hay que ser imbécil.
Theon lo confirma con un movimiento de cabeza.
-Pero lo de la empresa y lo de tu padre le puede ocurrir a cualquier hijo
de vecino.- Se acerca de nuevo a su cara. –Así que ya basta de victimismo.
Mañana vamos a tomar a ese abogado por los huevos y solucionaremos uno a uno
los problemas.
Después de eso, Enkeli le suelta la mano y pasa por delante de él. Theon
la contempla mientras se marcha. <<Tiene un trasero interesante>>,
piensa. Que lastima que haya decidido comportarse como un caballero. Bosteza.
Esa chica le gusta. Se pregunta por que esta ayudándolo, y recuerda su única
exigencia. <<¿Qué relación les vincula? Ella es muy joven para ser novia
o amante. Su hija tampoco, lo sabría Majia>>. Los problemas, como dice
Enkeli, uno a uno.
*********
El pelo alborotado de Enkeli esconde parte de su hombro y se revuelve
entre las sabanas. Theon la desea. Por un lado de la cama le asoma un muslo
blanco que se desliza hasta un tobillo fino y un pie de uñas desnudas.
<<No necesita maquillaje>>, piensa. El movimiento de sus ojos bajo
los parpados sugieren un sueño intranquilo, quizá producto del alcohol. Theon
se acomoda y al ir a tocarla se detiene en su propia mano. Hercúlea,
viril. Siempre ha estado orgulloso de
sus manos. <<¿Deseara ella que la acaricie?>>.
Enkeli se estremece, tal vez por un mal sueño. La vuelve a estudiar y
descubre el comienzo de un pecho lechoso. No se sorprende de encontrarla
desnuda. Posa sus labios en la mejilla, cálida y sedosa, de Enkeli. Y ella se
mueve. Luego abre los ojos y le devuelve la mirada sin sorpresa, como si
llevara esperándolo mucho tiempo.
-Ya es hora de que te atrevieras.
Theon sonríe.
A Enkeli se le eriza la piel cuando él roza su nuca. Aparta la sabana. Es
tan bella como la había imaginado. Sus pechos pequeños son provocadores, como
pequeños bombones de chocolate blanco. La línea del escote es una uve perfecta.
Ella acomoda sus dedos en la intersección que forman sus pechos y se acaricia
para él. Primero bordeándolos, luego acariciándose peligrosamente a uno de sus
pezones, apenas oscuros. La panorámica le excita, y lo siente en su miembro.
Enkeli gime.
-Te quiero Enkeli.
Enkeli entreabre los labios, asoma su lengua provocativamente y se
humedece los labios.
-¿Me has oído?
A Enkeli no parece importarle.
Su mano ha descendido por el canal de sus pechos y se entretiene en su
sexo. Suspira sin mirarle. Theon le agarra la muñeca y ella trata de zafarse
para continuar con su actividad. Ronronea como una gata en celo a la que no le
permiten jugar.
-Es mi turno- Ordena él.
Se desliza cuello abajo como por un tobogán del Edén. Ella suspira al
paso de su lengua. El sabor de su piel y su aroma enervan los sentidos de
Theon, que no puede ni quiere evitar una erección. Decide que es tiempo de
hacerla gozar, de dedicarse por entero a su deleite, de sumergirse en el templo
del deseo. Es entonces cuando se apodera de sus muslos con ambas manos,
aferrándose a ellos como un naufrago a su isla. Y se precipita al centro del
placer de Enkeli. Se recrea en su clítoris dominándolo con expertos movimientos
a modo de látigo, con la dulzura de la miel. Ella se derrama en sus labios y
resopla comprimiendo sus muslos para impedir que el goce se escabulla. La
lengua de Theon le arranca un gemido profundo; después huye hacia el interior
de la vulva, para reaparecer de nuevo empapada en sus jugos. Las piernas de
Enkeli tiemblan palpablemente. <<¿Quieres tu orgasmo?>>, le
interroga él con una mirada insinuante. Como respuesta, ella separa las piernas
holgadamente.
Theon afila su lengua en los labios de Enkeli. Los lame con decisión para
luego relegarlos al olvido y regresar al centro mismo del placer. El clítoris
de ella se estremece. Theon lo mordisquea mientras hunde sus manos en el
trasero de Enkeli. Mas tarde, como cansado de tanto juego, arrastra su lengua
hasta el comienzo de la vagina y la cruza de abajo arriba con una lentitud
aterradoramente placentera para ella. Y vuelta atrás con intención de repetir
la operación aun mas despacio. Las manos de Enkeli aparecen desde alguna parte
y sujetan la nuca de Theon, instalándose a finalizar el suplicio. Él comprende
el apremio. De modo que imprime un ritmo entusiasta a su lengua, azotándole el
clítoris con fricción. Los gemidos son sustituidos por jadeos. Luego los jadeos
por quejas. Y finalmente por gritos que explotan al mismo tiempo que su
orgasmo, derramándose como hidromiel sobre los labios de Theon.
-Despierta.
Le dirige una mirada de sorpresa a Enkeli. ¿Le ha hablado?
-Despierta.
La boca de Enkeli no se ha movido.
-Theon, ¡Despierta!
Abre los ojos desorientado. Esta en la cama, en su cama. Frente a él,
Enkeli, de pie y vestida.
-Al ver que no venias a desayunar he entrado en la habitación.
Theon asiente despistado aun. Se incorpora.
-Date una ducha muy rápida. Tenemos que ver como se encuentra la bella
durmiente.
-¿La bella durmiente?
-¡Por favor, Theon! ¿Siempre estas así por las mañanas?- A Enkeli se le
va la vista hacia el miembro –Perdón, no me refería a esto- Y suelta una
carcajada –Sino a tu cara. Voy al salón, no te entretengas, que tu mujercita te
espera- Vuelve a reírse y sale de la habitación.
En la cabeza de Theon solo existe espacio para un recuerdo. <<¿Le
he dicho que “te quier” en un sueño?>>.
*********
El abogado se presenta diez minutos antes de la cita. <<Mala
señal>>, considera Enkeli, que le da la bienvenida con una sonrisa
nerviosa. Desde el umbral, dirige su mirada hacia el interior de la vivienda,
como esperando ser recibido también por Theon.
-Ah, Theon. Esta acabando de arreglarse. En unos minutos, saldrá.
Le invita a pasar y ambos se instalan en el salón.
-¿Ha desayunado?
El abogado rechaza el ofrecimiento con un breve agradecimiento. Y ambos
se sonríen, pudorosos, tal que en una primera cita. <<¿Qué demonios hace
Theon?>>, se pregunta ella. Un sonido la alarma. Proviene de la
habitación donde se encuentra encerrada Ria. Después de comprobar que permanecía
inmovilizada. Enkeli la había ayudado a tomar pan y café. Y luego la volvió a
amordazar. <<¿Ahora que nuevo episodio nos sobrevendrá?>>.
-¿Hay algún problema?- Interroga el abogado.
Enkeli elude responder y señala los documentos.
-¿Entonces es hoy cuando se firmaran?
Los dos dirigen la mirada hacia los papeles que el abogado coloca sobre
la mesa.
-Esta por llegar el notario. Si todo es correcto, los firmaremos.
Un nuevo crujido procedente de mas allá del pasillo la hace levantarse.
-Disculpe, voy a ver que le pasa a mi marido- Recorre con fingida
tranquilidad los metros que separan el salón de la habitación de Ria. -¿Qué
haces? Peretti esta aquí.
-Salgo enseguida. Me aseguro de que, aquí, nuestra amiga no nos tumbe el
negocio.
Ria ladea la cabeza de vez en cuando mientras Theon trata de atarla a la
silla.
-¿Qué le has dado?
-Solo un poquito de alcohol.
-¿Poquito? Menuda borrachera.
Le asombra la nueva actitud de este hombre, cuando apenas doce horas
antes fue ella quien se hizo con las riendas e ideo el plan ante una
disposición poco colaboradora de Theon.
-¿Algún problema?- Le pregunta el abogado al regresar ella al salón.
-Cosas del trabajo- El abogado parece transigir difícilmente con la
explicación. –En realidad, a Theon le ha afectado profundamente su revelación.
Somos una familia creyente y, como comprenderá, la relación que mantenía su
madre con el señor este… anoche no podía dormir y se tomo un par de
pastillas…
-¿Se encuentra bien?
-Lo que se dice bien, bien, no. Las pastillas no le han debido de sentar
muy allá. No para de ir al baño- Dice, con sonrojo.
El abogado recobra el sosiego aparentemente. <<¿He conseguido
engañarle?>>. Construye un remedo de sonrisa y le interroga sobre los
trámites pertinentes para formalizar la herencia.
-Aparte de la firma del notario, nada mas- Se detiene unos segundos con
el dedo en alto. Quizá recapacita, pues a renglón seguido puntualiza –No
conozco adecuadamente su sistema fiscal, por lo que creo que deberían contratar
un asesor para que les gestione todo lo relacionado con los impuestos.
Enkeli había recuperado la compostura mientras el abogado explicaba.
<<Si, le he engañado. Ahora, por favor, que no haya ningún problema
mas>>.
-Mi marido cuenta en la empresa con un departamento financiero. Seguro
que se hará cargo de las gestiones- El abogado aprueba la idea con un ligero
cabeceo- Por otra parte, nos gustaría saber si necesita alguna aclaración mas
acerca de nuestro catolicismo.
-No, no. Lamento…, creo que estoy en la obligación de decírselo, lamento
haber acusado a su marido de algo tan execrable…
-Eso esta olvidado, señor Peretti.
Theon entra en el salón con aspecto despreocupado y complacido.
-Ya veo que se encuentra mejor- La expresión de sorpresa del empresario
confunde al abogado -¿No estaba enfermo?
El rictus de desesperación de Enkeli es suficientemente clarificador, de
modo que Theon asiente con un gesto azorado, y apresura una disculpa por la
tardanza. <<¿En que lio me ha metido esta vez?>>.
-Bien, pues me gustaría repasar el documento antes de que llegue el
notario.
Theon le interrumpe.
-Señor Peretti, ¿No es necesaria una lectura de testamento?
-Así es. Habitualmente, se lee el testamento ante todos los herederos-
Extrae un documento de la carpeta y lo pone sobre la mesa –Pero mi cliente me
autorizo a comunicar el contenido del testamento a los herederos de forma
individual…
A Theon se le quedan los ojos como platos.
-En cualquier caso, en comparación, con lo que a usted le ha legado, la
parte que encomienda a las órdenes religiosas es insignificante.
Theon continúa mirando asombrado hacia un punto más allá de Enkeli y el
abogado. A Enkeli le desconcierta su actitud. <<¿Qué mira con esa intensidad?>>.
Se gira levemente y ve a Ria caminando por la terraza que comunica las
habitaciones y el salón. Ella esta desorientada. Se golpea con el cristal.
<<¿Cómo diablos se ha soltado?>>. Sigue esposada con las manos a la
espalda y con la mordaza.
De repente Enkeli se levanta.
-Pero puede consultar a un…- Se interrumpe al ver a Enkeli incorporarse.
Theon la ha imitado.
-Señor Peretti, deberíamos acabar cuanto antes. Vamos a misa de doce.
El abogado se levanta también.
-Aun no ha llegado el notario. Y supongo que también vendrá su abogado.
-Yo soy abogado, no necesito que nadie revise los documentos- Enkeli y el
argentino se mantienen de espaldas a Ria, que continua moviéndose sin sentido a
lo largo de la terraza –Pero si que me gustaría echarles un vistazo en mi
despacho. ¿Me acompaña?.
El abogado se presta a ello, disponiéndose a seguirle. Pero antes, va a
tomar su chaqueta y Enkeli se lo impide, tomándolo del brazo, y de paso evita
que se gire y descubra a Ria.
-No se preocupe, déjelo aquí.- El abogado la mira intrigado, y al cabo
accede.
Los tres se dirigen al despacho. La disposición de la vivienda es
rectangular. A un lado la cocina, un pequeño comedor, el cuarto de baño, un
amplio dormitorio y un vestidor, separados por un pasillo de otras cinco
habitaciones de las mismas dimensiones, salón, dos dormitorios, un despacho y
un cuarto para la plancha. La terraza une estas últimas cinco estancias.
El abogado se acompaña delante de la mesa del despacho, dejando a su
espalda un amplio ventanal que da a una estrecha terraza metálica. Enkeli se
queda de pie junto a la puerta.
-Muy bien- Dice Theon -¿Si me permite?
Le tiende la mano y el abogado le entrega los documentos. En ese
instante, aparece Ria. Sigue lanzándose contra los cristales y con la
barandilla de la terraza.
<<Afortunadamente- Piensa Enkeli, -El jardín del edificio impide
que la puedan avistar desde la calle>>.
De pronto, Ria resbala y se golpea con el cristal. El abogado gira la
cabeza en dirección al exterior.
-¡Señor Peretti!
El abogado se vuelve hacia Theon.
-Esta cláusula en concreto no la comprendo.
Ria se da la vuelta. Retrocede en dirección al salón y Enkeli exhala un
suspiro. <<¿Qué esta haciendo esta loca? Se va a matar>>.
-Discúlpeme un momento.
Enkeli corre hacia el salón. Pasa por las habitaciones y, al otro lado de
ellas, en la terraza, va viendo como Ria continua su desesperado movimiento en
busca de una salida. Como una mosca en una campana de cristal.
-Entiendo- Confirma Theon, ante la explicación del abogado.
El abogado parece recordar el ruido de unos segundos antes y vuelve la
cabeza hacia la ventana. Nada. Enkeli llega a la puerta de la terraza del salón
a tiempo de atrapar a Ria. Tira de ella hacia dentro.
El abogado se lleva el reloj al oído y comprueba las manecilla con un
golpecito en el vidrio. No se mueven.
-Se me ha parado. ¿Me puede decir la hora?
-Las diez y media
-Ya debería estar aquí el señor notario- Se palpa el bolsillo de la camisa
–Creo que por aquí tengo una tarjeta- No la encuentra –Estará en el saco.
Permítame.
El abogado se levanta y Theon, alarmado, lo imita.
-No. Discúlpeme, conozco el camino. Usted continúe leyendo los papeles.
Tenía una cita, ¿No?
Theon no sabe que hacer. Traga
saliva y asiente, instalándose de nuevo en su escritorio. El abogado sale al
pasillo y camina con paso firme hacia el salón. <<Se ha acabado
todo>>, piensa Theon. Alcanza su saco y se da cuenta de que hay algo que
no marcha bien. Se acerca a la ventana y cierra la puerta de acceso a la
terraza, que estaba entreabierta, mientras piensa que los dueños de la casa
deberían de cuidarse de mantenerla en ese estado en invierno para no pagar más
calefacción.
-¿Y bien?- Le pregunta a Theon al llegar al despacho. Una expresión
confusa en la cara del empresario por toda respuesta. -¿Esta todo bien?
-Si, si- Balbucea. Y, tras unos segundos, continua –Todo perfecto.
Enkeli mira a Ria. Ha conseguido llevarla de nuevo al dormitorio donde la
habían encerrado. Suspira. La prisionera ladea la cabeza. <<¡Que demonios
le ha dado Theon! Esta borracha como una cucaracha!>>. La tiende en la
cama y revisa el pañuelo que había usado Theon para atarla desde las esposas a
la cabecera. <<El nudo debió deshacerse>>. Ria murmura
ininteligiblemente.
-¿Qué vamos a hacer contigo¡ Le susurra.
Se sienta en la cama y se lleva las manos a la cabeza. Piensa en el
abogado. <<Le va a extrañar que no regrese>>. Se pregunta que
podría hacer para que su prisionera no estropeara la firma de la entrega de la
herencia.
La mira y luego desvía los ojos hacia la mesita de noche, junto a la
cama. Sobre ella descansan los papeles que ha firmado Ria esta mañana con mano
temblorosa. Allí confiesa que estuvo acosando a Theon durante cuarenta y ocho
horas para obligarlo a acostarse con ella y que este le ofreció dinero para que
se alejara de él y ella acepto. El documento es una copia y esta unido con una
grapa a la fotocopia de un cheque por 300.000 euros. <<Sera suficiente
para salvar a Theon de la cárcel>>, se figura.
Entonces toma el cuchillo que Theon ha dejado en la otra mesita.
*********
-Bien, cuando quiera puede firmar…, aquí por favor- Dice el notario,
señalando con el índice donde debe escribir.
Theon garabatea casa uno de los papeles con rapidez. Esta sudando. El
abogado le ha preguntado varias veces por Enkeli y él no ha sabido que
responder. Se levanta y estrecha la mano del abogado y el notario. <<¿De
verdad que ha acabado?>>.
-Señor McInsane, los títulos de propiedad de acciones y valores se
encuentran en una caja de seguridad del Sampo. Mañana podremos ir, si le
parece, a retirarlos.
-¿Y el dinero?
-El efectivo de que disponía mi cliente en cuentas en el extranjero será
transferido en su totalidad en veinticuatro horas. El resto, como las
propiedades, podremos estudiarlo. Si quiere puede contratar a un gabinete
especializado o, si lo prefiere, el mío mismo podría acometer las gestiones.
-Lo estudiare.
Acompaña al abogado y al notario y los despide en la puerta. <<Era
verdad. Todo había terminado>>. Se sienta en una de las sillas del salón
y, de pronto, recuerda a Enkeli y a Ria.
<<¿Dónde se han metido?>>.
En la habitación se encuentra con el pañuelo que había usado para
amordazar a Ria y con las esposas abiertas sobre la cama. Pero ni rastro de
estancias. Nada. Se asoma a la terraza y tampoco las encuentra. Vuelve al
dormitorio donde estaba encerrada Ria y descubre el cuchillo a los pies de la
cama, y en la hoja una gota de sangre. Se teme lo peor.
Corre hacia la puerta, la abre y en el descansillo se topa con una
persona.
*********
Theon esta preparando la cena.
En un bol los canónigos, en otro las nueces sin cascara. Corta el queso
con delicadeza. Sabe que de su grosos depende que la ensalada adquiera el punto
justo a añejo. Ha preparado una granada y laminado los champiñones, a los que
les ha dado un golpe de vapor para suavizarlos. Se limpia las manos.
Enkeli llegara en cualquier momento y aun no esta el cuscús. <<¿Le
gustara?>>, se pregunta mientras saborea la salsa de ostras con la que va
aderezar el caldo del plato.
Vierte un podo de Rija en una copa y observa el resultado de la ensalada.
<<Me esta quedando inmejorable>>. Piensa en Enkeli. <<¿Cómo
se le ocurrió?>>. La convenció. Convenció a Ria de que abandonara. El
cheque fue una razón de peso. <<Pero estaba loca, podía haber arruinado
el negocio>>.
Pica el jengibre y le agrega el caldo. El olor de los langostinos al
fuego de la sartén le recuerda al verano. Aparta el caldo de la lumbre y añade
el jugo de lima. Después lo cuela y lo mezcla con el cuscús. <<¿Qué pasa
si no aparece?>>. Enkeli le devolvió una mirada enigmática cuando él le
sugirió una cena para celebrar el éxito de la aventura. Y luego se limito a
decir que ya vería si vendría. <<¿Lo hará>>. Le atraía su actitud
decidida y su fuerza.
Rompe un huevo y lo bate, le agrega un diente de ajo laminado, una pisca
de sal, un chorrito de vinagre y un vaso de aceite. <<Soy muy
bueno>>, bromea consigo mismo mientras emulsiona la mayonesa. Introduce
un dedo en el vaso de la salsa y lo chupa. <<En su punto>>.
Mientras pica el pepino se pregunta si habrá leído el mensaje de celular. Añade
la picadura de cebolla morada, albahaca, menta, cilantro y tomates cherry, y lo
mezcla con el cuscús.
En los altavoces suena Vivaldi.
Observa su teléfono para comprobar si ha habido respuesta de Enkeli.
Nada. Entra de nuevo en el mensaje y lo relee:
<<Prométeme
que serás mía>>
Prueba un sorbo del vino con la esperanza de oírla llamar a la puerta. De
fondo los acordes de La Primavera y
el perfume de las viandas.
CONTINUARA EN…
PROMÉTEME QUE REGRESARAS…

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