jueves, 19 de febrero de 2015

LUPAA MINULLE OLET MNUN "6"

6

Habían tomado dos o tres de copas. Lo suficiente para relajarse. El día fue muy duro para ambos, y lo necesitaban. Enkeli escudriña en su rostro. A Theon se le marcan los hoyuelos. No se había percatado antes. Suspira. <<Que mono es>>. Se recuesta en el sofá. <<Mañana será complicado>>. Piensa. Apura el ron y cierra los parpados.

-¿Estas cansada?

-¿Tu que crees?

Theon murmura algo ininteligible. Toma la botella de ginebra y rellena su vaso.

-Me gusto como nos sacaste del hotel.

Enkeli lo ideo. Emborracharon a Ria y la acompañaron hasta el ascensor que comunicaba directamente con el parking. En el camino no se cruzaron con ningún otro huésped. Si lo hubieran hecho, tampoco habría pasado nada. Dos personas acompañando a una tercera que había bebido demasiado.

-¿Todavía duerme la mona?

-Esa no despierta hasta mañana- Le responde Enkeli, riéndose.

Theon la imita.

-¿Sabes que tienes un hoyito muy gracioso aquí?- Le toca con un dedo en la mejilla.

-Si, ya me lo han dicho alguna vez.

-¡Uy! Eres más presumido. Seguro que las tienes locas…- Enkeli se ríe de todo con facilidad. Quizá las copas.

A Theon le hace gracia. Ha bebido mas que ella pero no van tan pasado de copas. <<¿Es buen momento para…?>>, se pregunta. <<Quizá no deba esta noche>>, piensa acto seguido.

-¿Me pones otra copa… por favor?- Le pregunta ella.

Theon no le responde, pero se levanta.

-Creo que es hora, señorita, de que te vayas… que no vayamos, a la cama.

-Que directo eres- Brome Enkeli agarrándose a su mano para ponerse de pie –Pero no me vas a convencer así, ¿Eh?

Al levantarse sostenida por Theon, ambos tropiezan y están a punto de caer. Se aferran el uno al otro, muy cerca las caras. Enkeli esta aturdida, pero en ese momento se despeja. Le mira los labios, apetitosos, carnosos. Y le da la un beso. Theon se deja besar, pero no la responde. Ella aspira su olor. Huele a loción de afeitado, muy masculino.

Theon se retiene.

-Vamos, mañana debemos estar muy despiertos. La loca esta nos puede hundir el negocio.

Enkeli asiente. Sigue mirándole de cerca, muy de cerca. Tanto que Theon se siente cohibido. Se aparta un paso y hace ademan de comenzar a caminar hacia su dormitorio. Pero ella lo detiene, sujetándolo del brazo.

-No se que pasara mañana…, o pasado mañana. Pero me caes bien. Np eres tan estúpido como creía. ¿O si?

Theon sonríe.  

-Posiblemente si. Tengo a una loca encerrada en una habitación, han cometido un desfalco de película en mi empresa y hace menos de dos días que supe que mi padre no es mi padre. Creo que me ha ganado el apelativo de estúpido, cuando menos.

-Lo de la loca no te lo discuto. Por que hay que ser imbécil.

Theon lo confirma con un movimiento de cabeza.

-Pero lo de la empresa y lo de tu padre le puede ocurrir a cualquier hijo de vecino.- Se acerca de nuevo a su cara. –Así que ya basta de victimismo. Mañana vamos a tomar a ese abogado por los huevos y solucionaremos uno a uno los problemas. 

Después de eso, Enkeli le suelta la mano y pasa por delante de él. Theon la contempla mientras se marcha. <<Tiene un trasero interesante>>, piensa. Que lastima que haya decidido comportarse como un caballero. Bosteza. Esa chica le gusta. Se pregunta por que esta ayudándolo, y recuerda su única exigencia. <<¿Qué relación les vincula? Ella es muy joven para ser novia o amante. Su hija tampoco, lo sabría Majia>>. Los problemas, como dice Enkeli, uno a uno.

*********

El pelo alborotado de Enkeli esconde parte de su hombro y se revuelve entre las sabanas. Theon la desea. Por un lado de la cama le asoma un muslo blanco que se desliza hasta un tobillo fino y un pie de uñas desnudas. <<No necesita maquillaje>>, piensa. El movimiento de sus ojos bajo los parpados sugieren un sueño intranquilo, quizá producto del alcohol. Theon se acomoda y al ir a tocarla se detiene en su propia mano. Hercúlea, viril.  Siempre ha estado orgulloso de sus manos. <<¿Deseara ella que la acaricie?>>.

Enkeli se estremece, tal vez por un mal sueño. La vuelve a estudiar y descubre el comienzo de un pecho lechoso. No se sorprende de encontrarla desnuda. Posa sus labios en la mejilla, cálida y sedosa, de Enkeli. Y ella se mueve. Luego abre los ojos y le devuelve la mirada sin sorpresa, como si llevara esperándolo mucho tiempo.

-Ya es hora de que te atrevieras.

Theon sonríe.

A Enkeli se le eriza la piel cuando él roza su nuca. Aparta la sabana. Es tan bella como la había imaginado. Sus pechos pequeños son provocadores, como pequeños bombones de chocolate blanco. La línea del escote es una uve perfecta. Ella acomoda sus dedos en la intersección que forman sus pechos y se acaricia para él. Primero bordeándolos, luego acariciándose peligrosamente a uno de sus pezones, apenas oscuros. La panorámica le excita, y lo siente en su miembro. Enkeli gime.

-Te quiero Enkeli.

Enkeli entreabre los labios, asoma su lengua provocativamente y se humedece los labios.

-¿Me has oído?

A Enkeli no parece importarle.

Su mano ha descendido por el canal de sus pechos y se entretiene en su sexo. Suspira sin mirarle. Theon le agarra la muñeca y ella trata de zafarse para continuar con su actividad. Ronronea como una gata en celo a la que no le permiten jugar.  

-Es mi turno- Ordena él.

Se desliza cuello abajo como por un tobogán del Edén. Ella suspira al paso de su lengua. El sabor de su piel y su aroma enervan los sentidos de Theon, que no puede ni quiere evitar una erección. Decide que es tiempo de hacerla gozar, de dedicarse por entero a su deleite, de sumergirse en el templo del deseo. Es entonces cuando se apodera de sus muslos con ambas manos, aferrándose a ellos como un naufrago a su isla. Y se precipita al centro del placer de Enkeli. Se recrea en su clítoris dominándolo con expertos movimientos a modo de látigo, con la dulzura de la miel. Ella se derrama en sus labios y resopla comprimiendo sus muslos para impedir que el goce se escabulla. La lengua de Theon le arranca un gemido profundo; después huye hacia el interior de la vulva, para reaparecer de nuevo empapada en sus jugos. Las piernas de Enkeli tiemblan palpablemente. <<¿Quieres tu orgasmo?>>, le interroga él con una mirada insinuante. Como respuesta, ella separa las piernas holgadamente.

Theon afila su lengua en los labios de Enkeli. Los lame con decisión para luego relegarlos al olvido y regresar al centro mismo del placer. El clítoris de ella se estremece. Theon lo mordisquea mientras hunde sus manos en el trasero de Enkeli. Mas tarde, como cansado de tanto juego, arrastra su lengua hasta el comienzo de la vagina y la cruza de abajo arriba con una lentitud aterradoramente placentera para ella. Y vuelta atrás con intención de repetir la operación aun mas despacio. Las manos de Enkeli aparecen desde alguna parte y sujetan la nuca de Theon, instalándose a finalizar el suplicio. Él comprende el apremio. De modo que imprime un ritmo entusiasta a su lengua, azotándole el clítoris con fricción. Los gemidos son sustituidos por jadeos. Luego los jadeos por quejas. Y finalmente por gritos que explotan al mismo tiempo que su orgasmo, derramándose como hidromiel sobre los labios de Theon.

-Despierta.

Le dirige una mirada de sorpresa a Enkeli. ¿Le ha hablado?

-Despierta.

La boca de Enkeli no se ha movido.

-Theon, ¡Despierta!

Abre los ojos desorientado. Esta en la cama, en su cama. Frente a él, Enkeli, de pie y vestida.

-Al ver que no venias a desayunar he entrado en la habitación.

Theon asiente despistado aun. Se incorpora.

-Date una ducha muy rápida. Tenemos que ver como se encuentra la bella durmiente.

-¿La bella durmiente?

-¡Por favor, Theon! ¿Siempre estas así por las mañanas?- A Enkeli se le va la vista hacia el miembro –Perdón, no me refería a esto- Y suelta una carcajada –Sino a tu cara. Voy al salón, no te entretengas, que tu mujercita te espera- Vuelve a reírse y sale de la habitación.

En la cabeza de Theon solo existe espacio para un recuerdo. <<¿Le he dicho que “te quier” en un sueño?>>.
*********

El abogado se presenta diez minutos antes de la cita. <<Mala señal>>, considera Enkeli, que le da la bienvenida con una sonrisa nerviosa. Desde el umbral, dirige su mirada hacia el interior de la vivienda, como esperando ser recibido también por Theon.

-Ah, Theon. Esta acabando de arreglarse. En unos minutos, saldrá.

Le invita a pasar y ambos se instalan en el salón.

-¿Ha desayunado?

El abogado rechaza el ofrecimiento con un breve agradecimiento. Y ambos se sonríen, pudorosos, tal que en una primera cita. <<¿Qué demonios hace Theon?>>, se pregunta ella. Un sonido la alarma. Proviene de la habitación donde se encuentra encerrada Ria. Después de comprobar que permanecía inmovilizada. Enkeli la había ayudado a tomar pan y café. Y luego la volvió a amordazar. <<¿Ahora que nuevo episodio nos sobrevendrá?>>.

-¿Hay algún problema?- Interroga el abogado.

Enkeli elude responder y señala los documentos.

-¿Entonces es hoy cuando se firmaran?

Los dos dirigen la mirada hacia los papeles que el abogado coloca sobre la mesa.

-Esta por llegar el notario. Si todo es correcto, los firmaremos.  

Un nuevo crujido procedente de mas allá del pasillo la hace levantarse.

-Disculpe, voy a ver que le pasa a mi marido- Recorre con fingida tranquilidad los metros que separan el salón de la habitación de Ria. -¿Qué haces? Peretti esta aquí.

-Salgo enseguida. Me aseguro de que, aquí, nuestra amiga no nos tumbe el negocio.  

Ria ladea la cabeza de vez en cuando mientras Theon trata de atarla a la silla.

-¿Qué le has dado?

-Solo un poquito de alcohol.

-¿Poquito? Menuda borrachera.

Le asombra la nueva actitud de este hombre, cuando apenas doce horas antes fue ella quien se hizo con las riendas e ideo el plan ante una disposición poco colaboradora de Theon.

-¿Algún problema?- Le pregunta el abogado al regresar ella al salón.

-Cosas del trabajo- El abogado parece transigir difícilmente con la explicación. –En realidad, a Theon le ha afectado profundamente su revelación. Somos una familia creyente y, como comprenderá, la relación que mantenía su madre con el señor este… anoche no podía dormir y se tomo un par de pastillas…  

-¿Se encuentra bien?

-Lo que se dice bien, bien, no. Las pastillas no le han debido de sentar muy allá. No para de ir al baño- Dice, con sonrojo.

El abogado recobra el sosiego aparentemente. <<¿He conseguido engañarle?>>. Construye un remedo de sonrisa y le interroga sobre los trámites pertinentes para formalizar la herencia.

-Aparte de la firma del notario, nada mas- Se detiene unos segundos con el dedo en alto. Quizá recapacita, pues a renglón seguido puntualiza –No conozco adecuadamente su sistema fiscal, por lo que creo que deberían contratar un asesor para que les gestione todo lo relacionado con los impuestos.

Enkeli había recuperado la compostura mientras el abogado explicaba. <<Si, le he engañado. Ahora, por favor, que no haya ningún problema mas>>.

-Mi marido cuenta en la empresa con un departamento financiero. Seguro que se hará cargo de las gestiones- El abogado aprueba la idea con un ligero cabeceo- Por otra parte, nos gustaría saber si necesita alguna aclaración mas acerca de nuestro catolicismo.  

-No, no. Lamento…, creo que estoy en la obligación de decírselo, lamento haber acusado a su marido de algo tan execrable…

-Eso esta olvidado, señor Peretti.

Theon entra en el salón con aspecto despreocupado y complacido.

-Ya veo que se encuentra mejor- La expresión de sorpresa del empresario confunde al abogado -¿No estaba enfermo?

El rictus de desesperación de Enkeli es suficientemente clarificador, de modo que Theon asiente con un gesto azorado, y apresura una disculpa por la tardanza. <<¿En que lio me ha metido esta vez?>>.

-Bien, pues me gustaría repasar el documento antes de que llegue el notario.

Theon le interrumpe.

-Señor Peretti, ¿No es necesaria una lectura de testamento?

-Así es. Habitualmente, se lee el testamento ante todos los herederos- Extrae un documento de la carpeta y lo pone sobre la mesa –Pero mi cliente me autorizo a comunicar el contenido del testamento a los herederos de forma individual…

A Theon se le quedan los ojos como platos. 

-En cualquier caso, en comparación, con lo que a usted le ha legado, la parte que encomienda a las órdenes religiosas es insignificante.

Theon continúa mirando asombrado hacia un punto más allá de Enkeli y el abogado. A Enkeli le desconcierta su actitud. <<¿Qué mira con esa intensidad?>>. Se gira levemente y ve a Ria caminando por la terraza que comunica las habitaciones y el salón. Ella esta desorientada. Se golpea con el cristal. <<¿Cómo diablos se ha soltado?>>. Sigue esposada con las manos a la espalda y con la mordaza. 

De repente Enkeli se levanta.

-Pero puede consultar a un…- Se interrumpe al ver a Enkeli incorporarse. Theon la ha imitado.

-Señor Peretti, deberíamos acabar cuanto antes. Vamos a misa de doce.

El abogado se levanta también.

-Aun no ha llegado el notario. Y supongo que también vendrá su abogado.

-Yo soy abogado, no necesito que nadie revise los documentos- Enkeli y el argentino se mantienen de espaldas a Ria, que continua moviéndose sin sentido a lo largo de la terraza –Pero si que me gustaría echarles un vistazo en mi despacho. ¿Me acompaña?.

El abogado se presta a ello, disponiéndose a seguirle. Pero antes, va a tomar su chaqueta y Enkeli se lo impide, tomándolo del brazo, y de paso evita que se gire y descubra a Ria.

-No se preocupe, déjelo aquí.- El abogado la mira intrigado, y al cabo accede.

Los tres se dirigen al despacho. La disposición de la vivienda es rectangular. A un lado la cocina, un pequeño comedor, el cuarto de baño, un amplio dormitorio y un vestidor, separados por un pasillo de otras cinco habitaciones de las mismas dimensiones, salón, dos dormitorios, un despacho y un cuarto para la plancha. La terraza une estas últimas cinco estancias.

El abogado se acompaña delante de la mesa del despacho, dejando a su espalda un amplio ventanal que da a una estrecha terraza metálica. Enkeli se queda de pie junto a la puerta.  

-Muy bien- Dice Theon -¿Si me permite?

Le tiende la mano y el abogado le entrega los documentos. En ese instante, aparece Ria. Sigue lanzándose contra los cristales y con la barandilla de la terraza.

<<Afortunadamente- Piensa Enkeli, -El jardín del edificio impide que la puedan avistar desde la calle>>.

De pronto, Ria resbala y se golpea con el cristal. El abogado gira la cabeza en dirección al exterior.

-¡Señor Peretti!

El abogado se vuelve hacia Theon.

-Esta cláusula en concreto no la comprendo.  

Ria se da la vuelta. Retrocede en dirección al salón y Enkeli exhala un suspiro. <<¿Qué esta haciendo esta loca? Se va a matar>>.

-Discúlpeme un momento.

Enkeli corre hacia el salón. Pasa por las habitaciones y, al otro lado de ellas, en la terraza, va viendo como Ria continua su desesperado movimiento en busca de una salida. Como una mosca en una campana de cristal.

-Entiendo- Confirma Theon, ante la explicación del abogado.

El abogado parece recordar el ruido de unos segundos antes y vuelve la cabeza hacia la ventana. Nada. Enkeli llega a la puerta de la terraza del salón a tiempo de atrapar a Ria. Tira de ella hacia dentro.

El abogado se lleva el reloj al oído y comprueba las manecilla con un golpecito en el vidrio. No se mueven.

-Se me ha parado. ¿Me puede decir la hora?

-Las diez y media

-Ya debería estar aquí el señor notario- Se palpa el bolsillo de la camisa –Creo que por aquí tengo una tarjeta- No la encuentra –Estará en el saco. Permítame.

El abogado se levanta y Theon, alarmado, lo imita.

-No. Discúlpeme, conozco el camino. Usted continúe leyendo los papeles. Tenía una cita, ¿No?

 Theon no sabe que hacer. Traga saliva y asiente, instalándose de nuevo en su escritorio. El abogado sale al pasillo y camina con paso firme hacia el salón. <<Se ha acabado todo>>, piensa Theon. Alcanza su saco y se da cuenta de que hay algo que no marcha bien. Se acerca a la ventana y cierra la puerta de acceso a la terraza, que estaba entreabierta, mientras piensa que los dueños de la casa deberían de cuidarse de mantenerla en ese estado en invierno para no pagar más calefacción.

-¿Y bien?- Le pregunta a Theon al llegar al despacho. Una expresión confusa en la cara del empresario por toda respuesta. -¿Esta todo bien?

-Si, si- Balbucea. Y, tras unos segundos, continua –Todo perfecto.

Enkeli mira a Ria. Ha conseguido llevarla de nuevo al dormitorio donde la habían encerrado. Suspira. La prisionera ladea la cabeza. <<¡Que demonios le ha dado Theon! Esta borracha como una cucaracha!>>. La tiende en la cama y revisa el pañuelo que había usado Theon para atarla desde las esposas a la cabecera. <<El nudo debió deshacerse>>. Ria murmura ininteligiblemente.

-¿Qué vamos a hacer contigo¡ Le susurra.

Se sienta en la cama y se lleva las manos a la cabeza. Piensa en el abogado. <<Le va a extrañar que no regrese>>. Se pregunta que podría hacer para que su prisionera no estropeara la firma de la entrega de la herencia.

La mira y luego desvía los ojos hacia la mesita de noche, junto a la cama. Sobre ella descansan los papeles que ha firmado Ria esta mañana con mano temblorosa. Allí confiesa que estuvo acosando a Theon durante cuarenta y ocho horas para obligarlo a acostarse con ella y que este le ofreció dinero para que se alejara de él y ella acepto. El documento es una copia y esta unido con una grapa a la fotocopia de un cheque por 300.000 euros. <<Sera suficiente para salvar a Theon de la cárcel>>, se figura.

Entonces toma el cuchillo que Theon ha dejado en la otra mesita.

*********

-Bien, cuando quiera puede firmar…, aquí por favor- Dice el notario, señalando con el índice donde debe escribir.

Theon garabatea casa uno de los papeles con rapidez. Esta sudando. El abogado le ha preguntado varias veces por Enkeli y él no ha sabido que responder. Se levanta y estrecha la mano del abogado y el notario. <<¿De verdad que ha acabado?>>.

-Señor McInsane, los títulos de propiedad de acciones y valores se encuentran en una caja de seguridad del Sampo. Mañana podremos ir, si le parece, a retirarlos.

-¿Y el dinero?

-El efectivo de que disponía mi cliente en cuentas en el extranjero será transferido en su totalidad en veinticuatro horas. El resto, como las propiedades, podremos estudiarlo. Si quiere puede contratar a un gabinete especializado o, si lo prefiere, el mío mismo podría acometer las gestiones.

-Lo estudiare.

Acompaña al abogado y al notario y los despide en la puerta. <<Era verdad. Todo había terminado>>. Se sienta en una de las sillas del salón y, de pronto, recuerda a Enkeli  y a Ria. <<¿Dónde se han metido?>>.

En la habitación se encuentra con el pañuelo que había usado para amordazar a Ria y con las esposas abiertas sobre la cama. Pero ni rastro de estancias. Nada. Se asoma a la terraza y tampoco las encuentra. Vuelve al dormitorio donde estaba encerrada Ria y descubre el cuchillo a los pies de la cama, y en la hoja una gota de sangre. Se teme lo peor.  

Corre hacia la puerta, la abre y en el descansillo se topa con una persona.

*********

Theon esta preparando la cena.

En un bol los canónigos, en otro las nueces sin cascara. Corta el queso con delicadeza. Sabe que de su grosos depende que la ensalada adquiera el punto justo a añejo. Ha preparado una granada y laminado los champiñones, a los que les ha dado un golpe de vapor para suavizarlos. Se limpia las manos.  

Enkeli llegara en cualquier momento y aun no esta el cuscús. <<¿Le gustara?>>, se pregunta mientras saborea la salsa de ostras con la que va aderezar el caldo del plato.

Vierte un podo de Rija en una copa y observa el resultado de la ensalada. <<Me esta quedando inmejorable>>. Piensa en Enkeli. <<¿Cómo se le ocurrió?>>. La convenció. Convenció a Ria de que abandonara. El cheque fue una razón de peso. <<Pero estaba loca, podía haber arruinado el negocio>>.
Pica el jengibre y le agrega el caldo. El olor de los langostinos al fuego de la sartén le recuerda al verano. Aparta el caldo de la lumbre y añade el jugo de lima. Después lo cuela y lo mezcla con el cuscús. <<¿Qué pasa si no aparece?>>. Enkeli le devolvió una mirada enigmática cuando él le sugirió una cena para celebrar el éxito de la aventura. Y luego se limito a decir que ya vería si vendría. <<¿Lo hará>>. Le atraía su actitud decidida y su fuerza.     

Rompe un huevo y lo bate, le agrega un diente de ajo laminado, una pisca de sal, un chorrito de vinagre y un vaso de aceite. <<Soy muy bueno>>, bromea consigo mismo mientras emulsiona la mayonesa. Introduce un dedo en el vaso de la salsa y lo chupa. <<En su punto>>. Mientras pica el pepino se pregunta si habrá leído el mensaje de celular. Añade la picadura de cebolla morada, albahaca, menta, cilantro y tomates cherry, y lo mezcla con el cuscús.  

En los altavoces suena Vivaldi.

Observa su teléfono para comprobar si ha habido respuesta de Enkeli. Nada. Entra de nuevo en el mensaje y lo relee:

<<Prométeme que serás mía>>

Prueba un sorbo del vino con la esperanza de oírla llamar a la puerta. De fondo los acordes de La Primavera y el perfume de las viandas.

CONTINUARA EN…


PROMÉTEME QUE REGRESARAS…  

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